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domingo, 3 de junio de 2012

Arte Callejero: Wrinkles of the City (Arrugas de la Ciudad) en La Habana




En el marco de la Oncena Bienal de La Habana que se inauguró el pasado viernes, los artistas callejeros JR y José Parla (de nacionalidad francesa el primero y cubana-estadounidense el segundo), fueron invitados a participar de esta celebración del arte pero de una manera singular: cambiando las galerías y los museos por las calles de la capital cubana.
JR, que se define a sí mismo como “photograffeur”, y José Parla han convertido las paredes de La Habana en lienzos monumentales que si bien son todos de concreto y ladrillos, poseen por los motivos que exhiben una dinámica que difícilmente consiguen otras manifestaciones artísticas.

“En una sociedad de imágenes estamos constantemente bombardeados por caras de gente, muchas veces de gente famosa. Normalmente, esas imágenes no representan la opinión de la gente real. Yo quiero llevar al centro de la atención a personas anónimas. Llevar sus caras a las calles y redefinir la noción de héroes”, dice JR, cuyos rostros aparecen en este proyecto denominado “Wrinkles of the City”, “Arrugas de la ciudad”, en combinación con los trazos caligráficos de José Parla, una mezcla interesante de seriedad y jugueteo que entabla un elocuente diálogo con la melancólica cotidianeidad de La Habana. 


“Wrinkles of the City" ha intervenido ciudades como Los Ángeles y Shanghai.



























jueves, 10 de mayo de 2012

Jorge Pardo: Un artista cubanoamericano en la Bienal de La Habana


El artista expondrá por vez primera en Cuba durante los días de la Bienal de La Habana, luego de más de 40 años viviendo en Estados Unidos. Declaraciones exclusivas sobre su obra y su reencuentro con el lugar donde nació.




Aracelys Bedevia 


Tomado de Juventud Rebelde

Jorge Pardo es uno de esos cubanos jaraneros y conversadores, a quien de escucharle hablar se le identifica como coterráneo sin importar donde se encuentre. Si no fuera por lo difícil que a ratos le resulta hilvanar ideas en español, nadie podría imaginar que este habanero de mediana estatura y sonrisa a flor de labios creció y ha vivido la mayor parte del tiempo fuera del país.
Atraído por el prestigio de la Bienal de La Habana, el mundialmente conocido artista estableció contactos con el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, con el propósito de participar en la más grande fiesta de las artes visuales cubanas. En una corta visita realizada a la capital, previa al evento, con el propósito de ultimar detalles relacionados con su exposición, Pardo ofreció a JR declaraciones exclusivas.


Me siento, dijo, como si estuviera visitando Cuba por primera vez. «Tengo unas memorias que no son muy claras. Salí de aquí en 1969 y, como siempre digo, no me fui, me sacaron. En ese momento tenía seis años. Crecí en Chicago. Ahí fui a la escuela hasta los 19 años, cuando me mudé a California para estudiar Artes Visuales. Me gradué en 1988 y empecé a hacer exposiciones en Los Ángeles, Nueva York, Alemania… Estuve cerca de diez años exhibiendo fuerte en Europa, pero viviendo siempre en Los Ángeles. Supe de la Bienal y quise venir. Cuando llegué, lo primero que hice fue pedirle al taxista que me llevara a ver la casa donde nací, en el Vedado, cerca del Puente de Hierro», enfatizó.


El encuentro con este creador aconteció dos horas después de lo acordado. «Ahh, sí, lo olvidé y me fui a recorrer la ciudad», dijo. Minutos después ya estaba junto a nosotros en el lobby del hotel donde se hospedó, en el Centro Histórico de la ciudad, ofreciendo detalles de su vida y de su desempeño como artista.
«Yo no crecí en Miami; en ese lugar hay cubanos bien conservadores. Nosotros fuimos más realistas. En la casa no hablábamos de lo que perdimos al irnos de Cuba; lo nuestro era ir pa’lante. En Miami hay una condición política diferente, una trama inventada.
«Vengo de una familia trabajadora. Mi abuelo era muy comunista en los años 30, se llamaba Félix León y estaba en la cárcel cuando mi mamá nació. Mi papá era hijo de español, llegó hasta cuarto grado y mi mamá era contadora y vivió en el campo. Los dos trabajaban para compañías norteamericanas y como querían mantener la vida que tenían se fueron. Aquí no me quedó nada, excepto que me parezco a los cubanos. Soy un animal diferente».



Coordinar, pensar, hacer problemas visuales

A través de Alemania le llegó a Pardo, a finales de los 90, el reconocimiento internacional. El artista colocó sobre un lago de la ciudad de Münster una pasarela que aguantaba una máquina expendedora de cigarrillos, dando inicio a un importante número de trabajos en el espacio público de ese país. Unas lámparas de colores realizadas por él cuelgan del techo del restaurante de la sede del Parlamento germano: redondas igual que el comedor y la parte central del edificio. Sobre las aguas del río Spree, según cuentan, se refleja su luz, marcando el lugar en el que se dividieran el Berlín oriental y el occidental.
A este maestro se le conoce sobre todo por sus lámparas e intervenciones en espacios públicos. «Las lámparas son para mí como dibujos. Siempre tienen una problemática que deviene principio de los problemas técnicos, que es la luz. Lo que me gusta de ellas es que son máquinas que producen habilidad para ver. Cuando pones eso en un salón de exhibición es una cosa muy pura. La forma en que esa luz se origina se basa en los mismos principios y leyes de una pintura abstracta», expresó.


La propuesta que Pardo trae a la Bienal habanera es una muestra de lo que suele hacer en su taller en California. Se trata de un robot que creará piezas, con un diseño preconcebido, hasta llenar el espacio donde estará su exposición en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, la cual será inaugurada oficialmente este 11 de mayo.
No habrá nada al inicio. Mientras el robot esté produciendo las personas podrán entrar e interactuar con lo que se hace. El contrato cultural más importante para un artista, afirmó, es mostrar lo que ha creado y no necesariamente hacer cosas para vender.
«Lo que hago es proponer una pila de problemas. Si uno ve una obra y sabe en dos minutos cómo leerla, es un fracaso. Pero es muy interesante si algo está pasando, te está confundiendo y a la misma vez atrayendo. Eso es lo que sucede cuando están mejor. La crítica más mala, más dura que puede recibir un trabajo mío es que no se presente en una forma polimorfa y tenga solo una dimensión, y lo más interesante es precisamente que no se puede totalizar.



«Me interesa mucho hacer piezas que yo pueda ver a las personas mirándolas. No es un problema sicológico ni nada de eso. A mí me gusta ver lo que hago, y cómo siendo artista plástico se puede producir ese tipo de contacto.
«Cuando uno piensa así el público es un componente muy importante de la obra. Las piezas mejores mías no están en museos, sino por el mundo. Las más exitosas son las que cualquiera consume y no solamente una persona cultural tradicional».
Una de las características distintivas de Pardo es su capacidad para mezclar estilos y medios. Mediante el uso de técnicas y materiales novedosos, este creador intenta conectar el arte con la vida, al tiempo que combina el diseño con la arquitectura, la escultura y la pintura.



«Pienso mucho en qué es una referencia tradicional dentro de la construcción de un objeto de arte y trato de reorganizar eso para que uno tenga de verdad que meditar y poner su pensamiento a navegar en lo que está viendo. Para mí eso es lo primario. Son preguntas bien fundamentales, principios fáciles: ¿Qué cosa es una obra? ¿Cuándo deja de ser arte? Me interesa lo que produce la cultura visual, la ambigüedad, lo inestable, desestabilizar un poco a la persona que va a ver la pieza para que tenga que usar sus propios recursos».



A Jorge Pardo le gusta coordinar, pensar, hacer problemas visuales «para la gente que va a buscar una experiencia de arte». El diseño, declaró, «es muy importante para mí porque no es arte, pero siempre ha tenido una tradición muy simbiótica con el arte plástico. De este último viene el origen de las otras disciplinas pragmáticas. La pintura y la escultura históricamente han sido el vaticano de las otras formas de creación. Yo fui a una escuela de diseño y vi problemas a veces más interesantes que una pintura. Por eso empecé a usarlo. No soy diseñador, no hago sillas para vender, todo lo que hago es para exhibir. Estudié escultura y pintura. Soy de la generación que empezó a usar computadora en los 80, cuando estaba en la escuela».


El contacto que se produce en el espacio público, puntualizó, es diferente. «Uno tiene que inventar la forma en que van a consumir la obra, es algo que no se puede controlar. Por eso hago piezas que están en el museo y fuera de este, en locales que no son tradicionalmente de arte. El espacio es como el “frame”, el contexto que uno trata de manejar para producir problemas estéticos. Eso es lo que yo hago. Somos las únicas personas en el mundo a quienes otros van a ver para que les muestren lo que hicimos», concluyó.


miércoles, 15 de junio de 2011

La lamentable historia del grupo de artistas cubanos ARTECALLE

por Maldito Menendez

ARTECALLE, del año 86 al 88 y se caracterizó por las pintadas y murales en las calles y performances e intervenciones en espacios públicos y culturales. La segunda etapa fué como del 88 al 89 y consistió en performances y exposiciones colectivas en los que participaron todos los miembros menos yo. La última y menos conocida etapa fue como A. C del 89 al 90,  la reunificación de todo el grupo en un gran proyecto multimedia que fué censurado y los textos pintados en las calles como protesta a dicha censura.
El grupo Artecalle se fundó en junio de 1986 en mi casa de la calle Sitios, en Centro Habana. Un grupo de amigos y estudiantes de tercer año de 23 y C( Escuela Elemental de Artes Plásticas "20 de Octubre") nos reunimos para ver el video de una película sobre break dance y graffiteros en New York. Comentando la peli surgió la idea de formar un grupo para hacer pintadas y protestar por el hecho de que los estudiantes de arte no podían exponer en los espacios estatales( los únicos espacios que existían en esa época ), ni participar en ningún evento artístico, pues no se nos consideraba artistas. Esta situación cambiaría rápidamente en los meses posteriores gracias al trabajo de grupos como Puré, Provisional y Artecalle( Los miembros de estos grupos estaban formados por estudiantes del ISA, la ENA, San Alejandro y la Escuela Elemental de 23 y C ) y de algunas exposiciones colectivas, como "Estrictamente Personal", muestra personal de Rubén Torres Llorca dónde permitió que varios estudiantes de artes participaran con sus piezas, como parte de su propia obra.


Pero es justo decir que fuimos el grupo Artecalle los primeros en protestar sobre esa política cultural que discriminaba y limitaba a los estudiantes de artes. Lo hicimos en nuestro primer trabajo, el mural de la Playa de 16, con un texto que decía: "NO NECESITAMOS BIENALES, NOSOTROS TENEMOS EL ESPACIO". Fue un mural muy polémico ya que en ese entonces se estaba preparando la Bienal de La Habana y cuando apareció el mural en La Playa de 16 la gente pensó que era obra de algunos pintores que habían quedado fuera de la selección oficial de participantes cubanos a la Bienal. Nadie podía imaginar que los verdaderos autores eran estudiantes de entre 14 y 15 años. La noticia de que había unos artistas "renegados" pintando en las calles prendió como la pólvora en la capital y, en mi opinión, fue gracias a esa reacción que los integrantes del grupo tomamos consciencia de que teníamos algo serio entre manos y decidimos continuar trabajando.
Recuerdo que mi padre, el pintor y escritor Aldo Menéndez González, era por ese entonces asesor del Consejo Nacional de Artes Plásticas y fue muy divertido y revelador para mi escucharlo comentar en casa las reuniones del Consejo dónde los caciques y "expertos" del arte cubano  hacían todo tipo de cábalas tratando de adivinar quién diablos eran esos Artecalle( mi padre tampoco lo sabía, eso era lo más divertido ). Así fue como descubrimos una verdad que se convertiría en nuestra principal táctica de trabajo: el escenario del arte cubano era igual que el mundo de los adultos, si queríamos hacer algo atrevido no podíamos pedir permiso, porque seguramente nos lo negarían; era mejor actuar clandestinamente y que después saliera el sol por dónde fuera; total, ¿qué podían hacernos a unos adolescentes que aún llevábamos pañoleta? En realidad podían hacernos muchas cosas, como pudimos comprobar más adelante, pero eso aún no lo sabíamos.
En aquél primer trabajo en la Playa de 16 participamos Ofill Hechevarría, Leandro Martínez, Ariel Serrano, Erick Rojas, Irán Plata, Ariel Cancio, yo y otros estudiantes de 23 y C que ya no . A partir de Septiembre de 1986, cuando empezamos el primer año en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, el grupo se fue reduciendo a los miembros más comprometidos con el proyecto, Ofill, Leandro, Serrano y yo y añadimos a cuatro personajes nuevos: Ernesto Leal, Erick Gómez, Iván Alvarez y Pedro Vizcaíno.


En Cuba no se conseguían pinturas en sprays; nuestros murales estaban hechos con brochas, pinceles y aplicando el tubo de pintura directamente sobre la pared para dibujar y el resultado era muy diferente de los graffitis de Estados Unidos. De esa forma hicimos murales y pintadas, entre 1986 y 1987, en la Torre del Cocinero, en 26; en el Parque Fe del Valle,en Centro Habana; en Zapata, frente al cementerio de Colón( otro mural polémico a causa del texto: EL ARTE ESTÁ A POCOS PASOS DEL CEMENTERIO; en la Plaza Vieja( mural conjunto con el grupo Provisional  ); en la calle, frente al Museo Napoleónico;  y en la calle Milagros, en un barrio de la Víbora,entre otros. Estos dos últimos trabajos encajan mejor en la definición de happenings que en la de simples murales, dada la significativa participación del público y otras acciones que sucedían a la par que se pintaba.
También con espíritu de happening fue concebida la expo por una sola noche "OJO PINTA" , en la Sala Talia, el 11 de enero de 1988. Este fue el último trabajo del grupo, en su primera etapa. Consistió en una paradodia de las típicas inauguraciones de pintura, pero sin un solo cuadro en las paredes, tan solo una oca que nos prestó una vecina de Ofill y que se pasó la noche cagándo por toda la galería y las intervenciones de Abdel Hernández( se acostó a leer un libro sobre una colchoneta, en una esquina de la galería, con los pies atados y un texto que decía algo así: "Si quieres hablar de arte, desátame". ) y del grupo Provisional( performance músical llamado "Rock Campesino" que consistió en una descarga loquísima de los miembros de Provisional, vestidos con guayaberas e instrumentos tradicionales de la música campesina. ). La idea general era probar que a las inauguraciones el público acudía a beber, conversar y relacionarse, todo menos a ver las obras. Era una burla a las galerías y espacios artísticos tradicionales y a la política cultural oficial que promovía la desfasada pintura de salón, heredada de la tradición burguesa, antes que al verdadero y nuevo arte revolucionario.



Esta tendencia a compartir los espacios y actuaciones con otros colegas y amigos, fue otra característica significativa del grupo en todas sus etapas. Artecalle tuvo fans, groupies y colaboradores de todo tipo. Compañeros de estudios, novias, amigos punkies y frikis( se les llamaba así a los rockeros, por una pandilla famosa que hubo en La Habana entre finales de los 70 y principios de los 80 ) de la calle nos seguían y nos ayudaban en todo lo que podían. Pero sobre todo debo señalar  la estrecha relación con algunos colegas que, pese a ser artistas individuales conocidos, como es el caso de Nicolás Lara, Abdel Hernández, Nilo Castillo, Glexis Novoa y Carlos Cárdenas( Glexis y Carlos eran del grupo Provisional ), entre otros, colaboraron con nosotros en muchos de nuestros trabajos, compartiendo muros, espacios y aventuras, por pura empatía, solidaridad y placer creativo. Ese espíritu comunal y desinteresado que se respiró durante el breve tiempo que duró la movida del arte cubano de la segunda mitad de los 80, fue un indicio de un nuevo tipo de arte, verdaderamente revolucionario, libre de las ambiciones y egoísmos que la competitividad del arte comercial produce, que se estaba fraguando en Cuba y que fue abortado brutalmente por la propia revolución o, mejor dicho, por la propia contrarevolución en el poder.
El performance más conocido del grupo, en su primera etapa, fue la intervención que ejecutamos en la Sala Martínez Villena de la UNEAC, a finales de 1987, durante una conferencia-debate sobre el concepto de arte. Acudimos con máscaras antigaces( que nos presto el profe de Preparación Militar de San Alejandro. Fue el único provecho que sacamos de esa asignatura ) y batas blancas y ropas con el texto pintado: ARTECALLE EXPERIMENTO: NO QUEREMOS INTOXICARNOS( fig 10 ). También repartimos un volante, especie de manifiesto que explicaba el performance y un cuestionario para que rellenara el público. Al final del debate sacamos unas pancartas y nos colocamos detrás de los críticos y profesores que formaban el panel. Las pancartas decían: ARTE O MUERTE, VENCEREMOS; EN CARETAS CERRADAS NO ENTRAN MOSCAS( esta la colocamos sobre Gerardo Mosquera ); SEPAN SEÑORES CRÍTICOS DE ARTE QUE NO LES TENEMOS ABSOLUTAMENTE NINGÚN MIEDO( parodia de la valla frente a la Oficina de Intereses de EU en Cuba ); entre otras( ver video en 2 partes "Viva la Revolu", documental sobre Artecalle dirigido por Pablo Dotta, de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños)
En 1988 el Ministerio de Cultura nos propuso participar en la nueva edición de la Bienal de la Habana con un mural dentro de uno de los espacios del evento; creo que se habló del Pabellón Cuba. Recuerden que el primer mural del grupo Artecalle, realizado en la Playita de 16, incluía un texto que fue muy polémico: "No necesitamos bienales, nosotros tenemos el espacio". Interpretamos aquella oferta como una artimaña política para comprarnos y oficializarnos y de esa forma neutralizarnos. Era una maniobra que ya habían usado antes con otros artistas e intelectuales rebeldes, en especial con los músicos de la Nueva Trova. Por esa razón convocamos una reunión, que se celebró en el Parque de los Pankis(punkies), como le llamábamos al parque de 23 y Paseo, con representantes de los principales grupos y colectivos artísticos de La Habana, es decir, Puré, provisional, Pilón, San Alejandro, la ENA, el ISA, la Escuela de Diseño, la Universidad y el taller René Portocarrero, principalmente. Recuerdo claramente la presencia de Abdel Hernández, Tania Bruguera y Lázaro Saavedra, que se había separado de Puré hacía muy poco. En dicha reunión, explicamos el asunto de la Bienal y anunciamos la disolución del grupo como medida preventiva para evitar que en el futuro pudiéramos caer o ceder ante nuevos intentos de manipulación oficial. Nuestra propuesta a los allí reunidos fue que ya era hora de que dejáramos de ser pequeños grupos separados por tendencias estéticas y nos convirtiéramos en un movimiento organizado que pudiera enfrentar el diálogo con el Sistema de modo más efectivo y menos vulnerable. Para ello, ofrecimos el término Artecalle para bautizar al movimiento, ya que ese nombre era el único que había trascendido el mundillo artístico cubano y estaba en boca de toda la población, no solo en La Habana. Nuestra idea era que si estábamos unidos, no les sería tan fácil comprarnos y dividirnos como por separado. No éramos los únicos ni los primeros en intentar algo así; en esa época se celebraban muchas reuniones y debates en casas particulares y centros "aliados", como la Fototeca de Cuba, con el objetivo de coordinar una estrategia común ante las instituciones culturales y el gobierno, pero, desgraciadamente, a la mayoría le faltaba madurez ideológica y cojones y les sobraba mucho afán de protagonismo; muy pocos intuían la gravedad de lo que se avecinaba y se tomaban las cosas como un juego. Las reuniones se quedaron en reuniones y las propuestas en propuestas; por eso nos vencieron, menos de un año después, pero esa es otra historia.


El caso es que Artecalle se disolvió; yo empecé a realizar obras en solitario, como el performance del Indio(Rauschenberg en el Museo Nacional), La Última Obra de Arte (intervención en la UNEAC) o el Reviva la Revolu(facultad de Filología y Museo Nacional), y el resto del grupo llevó a cabo varios trabajos, bajo el nombre de , como los performances que hicieron en el Paseo del Prado y en No por mucho madrugar amanece más temprano (expo en la Fototeca de Cuba) o el famoso Somos de oro( se pintaron de dorado y se sumergieron en la bahía de La Habana, frente al Centro de Artes Plásticas y Diseño. El panfleto decía varias frases como: "Síganos, somos de oro"; "Oro parece, plata no es. Easy shopping". Para mí fue el mejor trabajo que hicieron en esa etapa, contenido político y estructura conceptual en perfecta armonía ). Todos seguíamos siendo amigos y nos veíamos casi a diario y colaborábamos e intercambiábamos ideas y opiniones, pero trabajábamos por separado.

Con todo, el trabajo más conocido de fue la expo NUEVE ALQUIMISTAS Y UN CIEGO, en la sala Talía. Para saber más sobre esta muestra, visiten el siguiente enlace al blog LOS LIRIOS DEL JARDÍN, de Rafael López Ramos, dónde aparecen un par de post que explican muy bien aquellos sucesos que trascendieron lo artístico, convirtiéndose en un incidente socio político, hasta el punto de que el propio Fidel Castro hizo referencia a este en uno de sus discursos( desde luego, no fue hablando flores ).
La última etapa de Artecalle, es la menos documentada y conocida del grupo porque fué la más censurada y reprimida por el Ministerio de Cultura y Seguridad del Estado. Habían pasado tres años y los miembros del grupo teníamos mayor madurez artística y política; estábamos desencantados con la realidad del país y nuestro discurso era mucho más crítico y grave, no ya desde el punto de vista rebelde, pero optimista e ingenuo, de los inicios, sino desde la mirada de unos jóvenes artistas totalmente conscientes de que la corrupción y la represión imperantes no eran producto de accidentes y errores indeseados en el proceso revolucionario, sino efectos directos y deliberados de un régimen dictatorial.
A  finales de 1988, Ofill Hechevarría comenzó a utilizar elementos del espectáculo musical en sus performances y grabaciones musicales y su aventura influyó mucho en que se nos ocurriera reunificarnos para el  proyecto Artecalle en Concierto: El Regreso de Nosotros, en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes; un show multimedia que parodiaba las reunificaciones de viejas bandas de rock, utilizando elementos del lenguaje musical y teatral para exponer y/o criticar diversos aspectos de la realidad cultural y socio política del país. Desde los inicios del grupo, nuestro espíritu había sido más parecido al de una banda punk que al de un grupo de arte y ahora que Ofill había comprobado que no era necesario ser músico para tener una banda, nos lanzamos de lleno.
En 1989 solicitamos autorización para utilizar el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes para hacer nuestro concierto. El proyecto fue aprobado, a condición de que fuera "supervisado" paso a paso por "curadores" del Museo. Era algo que ya teníamos previsto que ocurriera y por eso ensayábamos en el teatro el sonido, los proyectores y otros elementos inofensivos del guión, por el día y por la tarde ensayábamos los textos, las letras de las canciones y demás elementos conflictivos del concierto, en el penthouse del edificio Naroca, en el Vedado( el piso pertenecía a la familia del David, un punkie amigo nuestro. Allí también ensayaban a veces el grupo de rock Monte de Espuma, autores del tema ESE HOMBRE ESTA LOCO, que fue célebre en su momento porque todo el mundo creía que estaba dedicado a Fidel Castro ). La idea era engañar a la dirección y los curadores del Museo con un falso e inocuo guión y el día del estreno soltar la verdadera bomba que habíamos preparado.
No sé si habían micros en el penthouse del Naroca o si los caciques del Museo eran más astutos de lo que parecían o si fue un chivatazo, pero el caso fue que, a pocos días de la noche del concierto, nos pidieron que realizáramos un pre estreno para un jurado selecto, cuyos nombres no quisieron darnos, que juzgaría si el concierto era apto para el público cubano. Fue un golpe que nos cogió de sorpresa y como no nos daba tiempo para preparar y ensayar un falso concierto que fuera convincente y, además, estábamos seguros de que fuera lo que fuera que presentáramos, aquél jurado secreto nos lo vetaría, decidimos negarnos rotundamente, alegando que dicha petición nos recordaba mucho a un tribunal de la Santa Inquisición, lo cual era cierto.
Ante nuestra negación a pasar por la censura de un grupo desconocido de "especialistas", la dirección del Museo canceló el concierto, pero nosotros nos dedicamos a llenar las calles de carteles y bolas (rumores ) anunciando el concierto. Si nos iban a censurar, al menos queríamos que todo el mundo se enterase cuándo acudieran a la cita. El Museo anunció la cancelación en la radio y en la prensa( pequeñas notas o avisos justificando problemas técnicos, según el procedimiento habitual para censurar conciertos problemáticos, como los del grupo de rock Venus o los del trovador disidente Pedro Luis Ferrer ), pero nuestro poder de convocatoria era mucho más fuerte, ya que la gente confiaba más en el boca a boca que en los medios oficiales. Nunca se me olvidará una tarde que sorprendimos a la secretaria de Marcia Leiseca, la Vice Ministra de Cultura, bajándose de un Lada estatal, con chófer, para arrancar nuestros carteles en una calle del Vedado. Ahí se nos ocurrió otra idea.
Vísperas de la fecha señalada, acudimos a la sede del Consejo Nacional de las Artes Plásticas para pedirle a Marcia Leiseca que nos permitiera hacer el concierto. Por supuesto, la Vice Ministra se negó educadamente, algo que ya teníamos previsto. Al salir de la entrevista sacamos las herramientas de las mochilas( para poder grafitar con rapidez y salir corriendo, preparamos unos artilugios con botes plásticos llenos de pintura negra, con esponjas comprimidas en las bocas, que funcionaban al presionarlos sobre una superficie dura, como una pared ) y pintamos velozmente un cartel que decia: ARTE CALLE, CENSURA, acompañado de nuestro nuevo logo. Cuentan las malas lenguas que a Marcia le dio un soponcio cuando, al terminar su jornada, salió del edificio y descubrió el enorme cartel, que ya llevaba un buen rato a la vista de cualquier transeúnte.
Durante ese día y el siguiente nos dedicamos a sembrar las calles del Vedado con carteles de Artecalle. En el muro de Zapata y C, dónde nos habían tapado el mural de EL ARTE ESTA A POCOS PASOS DEL CEMENTERIO, pusimos en negro la palabra VENGANZA; tachamos muchos mojones del Vedado con el logotipo o con las siglas A.C. y muchos lugares de esa zona, entre ellos los cristales de los ventanales de la planta superior de la histórica y concurrida heladería Coppelia, centro de reunión de todas las tribus urbanas de La Habana. Al día siguiente, la bola en toda la ciudad era que habían aparecido unos carteles que decían Abajo Castro( A.C. ).
Para ver fotos y videos de aquellos carteles y sucesos, diríjanse a la Biblioteca Nacional de Villa Marista, allí deben tener maravillas. Nosotros estábamos demasiado ocupados en que no nos pillaran cómo para demorarnos haciendo fotos. Si You Tube y Facebook hubieran existido en ese tiempo, seguramente nos habríamos arriesgado, pero en esa época la posibilidad de publicar ese tipo de fotos era casi nula y revelarlas en cualquier estudio era peligroso.
Agentes de Seguridad del Estado, vestidos de paisano, nos detuvieron en la tarde del segundo día, en L y 23 y nos condujeron a la fuerza( cada vez que me acuerdo siento el dolor en el brazo que me torció un gorila durante varias cuadras ) hasta un pequeño control del PNR, rodeados de una muralla de policías que evitaban que nadie pudiera ver lo que estaba pasando. Cuando llegamos, los del Minint ordenaron que liberaran a todos los detenidos que había y les prohibieron a los policías que hablaran con nosotros. Dijeron que eramos contrarevolucionarios muy peligrosos, lo cual provocó más de una mirada de incredulidad entre los policías. ¿Han visto las pelis norteméricanas en las que el FBI se inmiscuye con prepotencia en los asuntos policiales? Bueno, allí pasaba lo mismo entre el Minint y el PNR; se ve que ambos cuerpos se despreciaban.
Luego de varias horas incomunicados, sin siquiera darnos agua, llegaron unos tipos con cámaras de video y nos grabaron a bocajarro, como si fuéramos fenómenos de feria. Horas más tarde, ya caída la noche, comenzaron los interrogatorios. A mi me tocó un blanco corpulento y con barba, vestido con uniforme verde, pero sin grados ni emblemas de ningún cuerpo, que se daba un aire a Fidel Castro al principio de la revolución. Preguntaba las mismas mierdas una y otra vez, ¿Porqué lo hicieron? ¿Quienes los ayudaron o lo sabían? ¿Alguien del Ministerio de Cultura los animó? ¿Qué querían decir? ¿Es un problema con Cultura o con la Revolución? etc, aunque con un aire retórico, como si supiera de ante mano todas las respuestas.
Más tarde llegó Rudy, "El Arquitecto", como le llamábamos; un oficial de Seguridad, rubio, medio calvo y grandote , tipo Chuck Norris, que vestía siempre vaqueros y camisas y guayaberas blancas y parecía un agente de campo de la CIA en una calurosa república bananera. Era el encargado de "atender" a los artistas jóvenes y problemáticos y debía ser un oficial de éxito, porque su lenguaje era educado y su onda suelta y comprensiva, a diferencia de los burdos tarugos con camisas a cuadros, como aquél que le metió un galletazo a Serrano en 9 Alquimistas y un Ciego.
Rudy interpretó a la perfección su papel de poli bueno, acompañándonos hasta la calle en plan salvador y nombrándonos la de hilos que había tenido que mover para liberarnos. "Esta gente_ nos dijo_ no creen ni en su madre; son unos bestias y me han asegurado que a la próxima gracia ustedes van presos de verdad". A la noche siguiente se pasó por mi casa para hablar con mi padre y "saludarme" y convencerse de que el grupo no estaba planeando ninguna represalia. Creo que a eso le llaman "seguimiento de un caso". El cabrón tenía clase y encanto y tengo más anécdotas suyas, pero las reservo para otra ocasión. Pueden verificar su existencia con mi padre, Vizacaíno, Nicolás Lara y otros artistas que trabajaban o eran asiduos del taller René Portocarrero.
Y para que las advertencias no cayeran en saco vacío, poco tiempo después, la mayoría del grupo recibió citaciones para el Servicio Militar Obligatorio, las MTT y la Reserva, según la edad que tuviéramos. Vizacaíno y yo escapamos por la vista; miopía e hipermeotropía, respectivamente. Otros aplazaron la cita continuando los estudios en el ISA y algunos, como Ofill, tuvieron que estudiar libros de psicología y fingir( quizás con tanto realismo que luego nunca volvieron a ser  los mismos del todo ) para convencer a las doctoras de que padecían determinados síndromes y que de esa forma les firmaran la baja del Servicio.
La tarde del 8 de Agosto de 1989, cientos de personas, acudieron a la cita con Artecalle en el Museo Nacional de Bellas Artes. Durante horas, la cola de gente rodeaba el Museo y se extendía más allá. Algunos del grupo nos sentamos en frente, en el parque, a beber una botella y contemplar el espectáculo. Nos habían advertido de que si cruzábamos la calle, Seguridad nos detendría. No lo hicimos y aquella fue la última botella del grupo Artecalle.
Poco tiempo después, cayó Marcia Leiseca y el movimiento del arte joven cubano fue rápida y hábilmente desmantelado. Recuerdo que fui citado, junto a varios artistas y músicos jóvenes, a ver el famoso video de las 8 horas, en el Comité Central del Partido. Era un discurso de Fidel que duraba 8 horas y que fue dividido en varios trozos, según el "gremio" al que hiciera referencia en cada uno. Más que las palabras de Fidel, lo más amenazante de esa tarde fue cuando, al salir de la sala de proyecciones, nos condujeron a un salón decorado con una exposición de Yánes, "el pintor de la corte". Todos los cuadros eran retratos del Ché, Celia y otros héroes de la Revolución. El mensaje era muy claro: "esto es lo que nos gusta, lo que queremos y lo que apoyaremos. Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada".

martes, 24 de mayo de 2011

Entrevista al pintor cubano Pedro Pablo Oliva

Nota aclaratoria: Al leer la siguiente entrevista, se debe tener en cuenta que fue realizada en diciembre del 2010. En este momento han cambiado algunas circunstancias de las mencionadas por el entrevistado.

http://www.pedropablooliva.com/home.php 

http://www.casatalleroliva.org/ 

 

LA HABANA, 25 DE DICIEMBRE DE  2010

Programa Radial “La Tarde se Mueve”

Con Edmundo García

Simbología:

EG: Edmundo García 

PPO: Pedro Pablo Oliva


EG: Hoy es 25 de diciembre de 2010. Entrevista con el maestro Pedro Pablo Oliva, en su estudio de La Mina, en La Habana Vieja. Muy buenas tardes Pedro Pablo Oliva, muchísimas gracias maestro, usted sabe cuánto le admiro y le respeto. Gracias por conceder esta entrevista, por primera vez, para la audiencia de La Tarde se Mueve y para el público de Miami, los Estados Unidos y el sur de la Florida. Muchas gracias por aceptar.

PPO: Buenas tardes Edmundo, ¡qué bueno que estás aquí, porque hacía mucho tiempo que no te veía y tenía muchos deseos de verte!

EG: ¡Pero no es por mi culpa, es  porque verlo a usted es  a veces es bastante complicado! (Risas)

PPO: Bueno, sabes que no  vivo aquí, que vivo en Pinar del Río, que se me complican las cosas,  que vengo por muy poco tiempo, que siempre me llama la tierra, el origen y allá es donde desarrollo prácticamente mi trabajo y vengo por muy poco tiempo.

EG: Mucho quiero hablar en esta conversación de Pinar del Río. Primero,  ¿cómo le asientan a usted los chistes que hacen sobre los pinareños y sobre  Pinar del Río?

PPO: Ay, Edmundo, realmente me dan gracia, como a todo el mundo, pero realmente tú sabes que no somos así, lo que pasa que estamos llenos de mucha ternura y la gente confunde la ternura con la tontería. Nada, los oigo,  me río,  pero me da gracia que en alguna medida la gente a veces se equivoque.

EG: ¿Y hay algo de cierto, porque a veces un chiste es la esencia de algo, hay algo de cierto en esos chistes sobre  la naturaleza y el espíritu de los pinareños?

PPO: Yo creo que sí, que de una forma u otra sí lo recoge, además hay hechos concretos, lo de la concretera fue real.

EG: ¿Es real? (Risas) ¿Ustedes dejaron una concretera dentro un cine? (Risas)

PPO: Sí, fue real, no te rías, pero lo más asombroso, y en esto ha hecho  toda una investigación  Abel Prieto, el Ministro de Cultura.

EG: Que es pinareño.

PPO: Que es  pinareño también, y realmente lo de la concretera fue cierto, según él,  ocurrió en Sandino, un municipio de Pinar del Río, y fue una brigada habanera  que estaba construyendo allá la que dejó una concretera dentro del teatro.

EG: Esa investigación es como un poco oportuna también, ¿verdad?

PPO: Yo le dije de todas formas a Abel, se lo dije  una vez,  que yo sentía que había sido la primera acción plástica de los pinareños: el hecho de dejar una concretera dentro del teatro.

EG: (Risas) Pablo, ¿y Abel se molesta con los chistes de los pinareños?

PPO: ¡No, qué va! Y cómo jode y chiva con eso.

EG: ¿Tú sabes cuál es el último chiste que me contaron de los pinareños?

PPO: A ver, dime.

EG: Me dijeron que los pinareños no eran por sí mismos, sino que eran orientales.

PPO: Bueno, eso dicen.

EG: Porque era un grupo de orientales que venían para La Habana y se pasó.

PPO: Ya había oído el chiste ese, pero bueno, está bien, está bien, por menos por la parte de mi padre está bien, porque mi padre era de Palma Soriano, así que no dudo que haya  pasado eso, realmente. (Risas)

EG: Pablo, tu eres un artista de un reconocimiento, para la audiencia Pedro Pablo Oliva es una  de las figuras más reconocidas, como uno  artista de la plástica cubana de todos los tiempos, con un dominio absoluto de todas las técnicas, con una vocación intelectual seria, un hombre que no ha caído nunca ni  ha puesto su obra nunca en el facilismo  ni en la comercialización barata, ni en la búsqueda de valores impostados, por eso su obra es muy calificada, muy valorizada, no sólo monetaria sino estéticamente, pero además es un intelectual, un pensador, un hombre con inquietudes.  Un hombre así  uno supondría que buscaría más cosmopolitismo, que trataría de afincarse en La Habana, de radicarse permanente, aunque tú tienes aquí tu estudio, pero ¿por qué te has querido ir nunca de Pinar del Río?

PPO: Primero tu me sobrevaloras demasiado. No me he querido ir de Pinar del Río porque tengo allá mi familia, la mayoría de mi familia, y porque tengo un proyecto que me pareció esencial que lo hiciera en la provincia, un proyecto que yo sigo considerando importante, un centro  de documentación de artes plásticas, pero que se me fue convirtiendo también,  poco a poco,  en un centro de documentación filosófico, en un centro amplio de pensamiento, donde tenemos un grupo enorme de información donde confluyen literatura de todo tipo  y  Edmundo, tenemos,  ya te digo,  un cúmulo de información importante y cuando algún  muchacho ha llegado, como llegó una vez uno, siempre pongo ese ejemplo,  preguntando  qué criterio se  tenía de la obra de Heberto Padilla en el extranjero, porque él sabía cuál era la posición de aquí y el análisis de aquí con relación a su obra, y no podía encontrar esa información en ningún sitio, sin embargo sí la encontró en la casa, y sí pudo hacer su trabajo de tesis con relación a la obra de Heberto Padilla, porque encontró también qué se pensaba y cómo se analizaba la obra de Heberto Padilla desde fuera, y yo creo que el centro cumple una función de amplitud de pensamiento, de amplitud de ideas, de información sobre todo,  y ese proyecto a mi me fascina, yo creo que es importante que esté en Pinar del Río, un sitio un poco apartado, a veces las cuestiones de transporte a veces dificultan venir a recoger información importante a  La Habana y yo creo que el centro lo cumple de una manera u otra.

EG: ¿Qué alcance tiene el centro, has podido medir su alcance, cuánto tiempo lleva, cuántas personas han sido beneficiadas por tener acceso al centro?

PPO: Llevamos diez años ya de estar abierto el centro, y van muchos estudiantes de las escuelas de todo tipo, primarias,  secundarias, artistas.

EG: ¿Van por sus propios pies o las escuelas los llevan?

PPO: No tenemos transporte para llevarlos.

EG: Quiero decir que si las instituciones los envían.

PPO: Sí, a veces los envían, sobre todo de la secundaria, envían a los muchachos a hacer trabajos de investigaciones de artes plásticas; los artistas van por sus propios pies, como tu dices, porque tratamos siempre de tener la información sobre la plástica más actualizada y ellos van allí a ver las investigaciones que se están haciendo en el extranjero, que están haciendo los artistas en otros sitios, los artistas cubanos en otro sitio.

EG: ¿Nada de esto tiene un carácter lucrativo para ti?

PPO: Para nada, para nada, y debes  imaginarte que un centro con esas características siempre tiene los ojos encima, porque no tenemos un control que diga debe entrar o no este libro, debe darse o no esta información, el que nos pida una información, si la tenemos, cualquiera que sea, se la damos.

EG: ¿Y esto te ha traído algún problema, personas que no comprendan esta posición del centro?

PPO: Siempre hay personas que no lo comprenden, pero hasta ahora puedo decirte  que el Partido en la provincia y el Gobierno jamás me han llamado la atención por eso,  al contrario, me han dado su apoyo en sentido general, no puedo decir otra cosa. Ahí está el centro todavía y ya vamos a cumplir once años.

EG: ¿Qué nombre tiene el centro Pedro Pablo?

PPO: Casa Taller Pedro Pablo Oliva, porque bueno soy yo y vivo allí también y se hace toda la labor artística y cultural allí.

EG: Sólo en Cuba probablemente, o bueno no voy a ser absoluto, artistas de tu categoría dedican tiempo,  tiempo sobre todo, no hablemos ya de dinero, sino tiempo a la contribución social, en un mundo que se ha personalizado, que se ha  individualizado, cada vez más. Yo creo que es muy loable que Cuba tenga artistas que sean capaces de tener siempre  una proyección social, una preocupación, un imaginativo popular, una búsqueda del bien común. Yo he recibido referencias y creo que el centro logra, con mucho, esos preceptos. Y ahora me pregunto yo, ¿qué vive en Pedro Pablo Oliva que lo hace renunciar a algo tan importante, y yo creo que para ti lo más importante es el tiempo?

PPO: ¡El tiempo, Edmundo!

EG: Para dedicarlo a tantos.

PPO: Bueno, tengo apoyo de mi hija, del esposo, de otras personas que en alguna medida me ayudan allá en la casa para que esto se realice. Yo creo que es importante, realmente, dedicar parte de la vida de uno a intentar abrir, ampliar, la manera de explicarse el mundo, de entenderlo, de verlo, y el centro tiene esa función, inclusive, hemos llegado ya, por las características de Pinar del Río, a crear la cinemateca de la provincia. Pinar del Río no tiene cinemateca, no hay historia del cine en Pinar del Río, nosotros hemos asumido eso con la ayuda de la Escuela Internacional de Cine, con el ICAIC, y tenemos ni se sabe ya qué cantidad de películas que se quedarán ya definitivo para consumo, para disfrute de los artistas, de los estudiantes, de Pinar del Río en sentido general. Y es un proyecto bonito, fuerte, importante, donde proyectamos inclusive películas complejas, difíciles de pensamiento, de cualquier parte del mundo, lo mismo de la India, de Checoslovaquia, de  la República Checa, (acuérdate que yo soy de una generación que me confundo)  Y yo creo que el centro en ese sentido también cumple una labor importante, estamos ampliando nuestra visión, nuestro alcance, en la medida en que podamos. Pinar del Río en estos momentos, te puedo decir, que no tiene cine, no hay un cine funcionando en Pinar del Río, todos se destruyeron, están en mal estado, y nosotros estamos un poco que supliendo esa ausencia de cine.

EG: ¿El centro tiene sala de proyección de cine?

PPO: Tenemos un patio y proyectamos ahí, en una gran pantalla o  aprovechamos el espacio del Museo Provincial de Artes Plásticas cuando tenemos situaciones atmosféricas que nos perjudican y utilizamos ese sitio para proyectar las películas, pero siempre lo hacemos, siempre tratamos de cumplir, de mostrarle a la gente qué se está haciendo de nuevo en el cine a nivel mundial. Es un proyecto muy ambicioso.

EG: ¿Hacen ciclos de películas?

PPO: Hacemos ciclos de películas.

EG: ¿Llevan personas que dan conferencias, hacen cine-debates?

PPO: Hacemos cine-debates, que es la esencia fundamental, que es lo que a mí me pareció justo, que no sea sólo la proyección de la película sino que se debata, que se discuta. A mí me parece el proyecto maravilloso, estoy entusiasmadísimo con él, al punto que queremos que el gobierno nos alquile un cine o nos dé un cine para repararlo, pero bueno, tu sabes cómo es eso.

EG: Pero ahora yo creo que en las nuevas transformaciones a que está abocada la sociedad cubana es probable que  el proyecto pudiera ser más…

PPO: Va a ser difícil Edmundo, recuerda que estamos hablando de  un medio de difusión, estamos hablando de un medio de comunicación muy fuerte, como es el cine, y nosotros no quisiéramos realmente ningún control estatal sobre qué proyectamos o no, sino dejar un poco eso a nuestro control y eso…
 
EG: ¿En el centro hay control estatal?

PPO: Ninguno.

EG: Eso pudiera ampliarse.

PPO: Pero ya cuando se amplíe a un cine, que ya va a ser de participación mucho más amplia es mucho más complejo.

EG: ¿Cuántas personas habrán pasado por el centro en estos diez años Pablo, si tienen una estadística?

PPO: No sé, no tenemos esa estadística.

EG: ¿Diariamente van personas?

PPO: Diariamente van personas.

EG: Y a veces no te hartas y no dices: ¡Por Dios, ésta es mi casa, aquí vivo yo!

PPO: Bueno, imagínate que tuve que salir de la casa y alquilar un apartamento por algún lugar para poder pintar.

EG: ¿Ya no pintas en la casa?

PPO: Solo hago las obras muy grandes, cuando necesito un puntal muy alto entonces pinto las obras en la casa, pero las obras medianas y chicas tengo que hacerlas en otro sitio porque realmente no puedo pintar. Me han botado los libros y la gente de la casa, pero yo contento (Risas)

EG: Pablo, vamos a volver a ti como artista. Hay un capítulo de tu vida del cual yo he tenido a veces alguna información, o a veces con sutileza aparece. Vamos a comenzar con parte de tu iconografía en tu obra, permanente, que siempre he mirado con una gran ternura, que es la figura de Martí. ¿De dónde viene ese sentimiento tan profundo, tan propio, tan desgarrado a veces alrededor de la figura de Martí?

PPO: Mira Edmundo, ¿qué pasó? Resulta que mi abuelo estuvo, por esas misteriosas cosas de la vida involucrado, en alguna medida,  con la muerte de Martí.

EG: ¿Esto ya tú lo has contado?

PPO: Si. Era el práctico del ejército de Jiménez de Sandoval, que creo que era el que ocupaba la zona oriental y ellos lo consultaban porque él conocía mucho la zona.

EG: ¿Él era de esa área?

PPO: De esa área. Entonces le pidieron que si podía colaborar con ellos y él dijo que sí, inclusive sabía que ya Martí estaba en Cuba e incluso él ayudó a situar los puntos estratégicos por donde debía pasar, porque conocía la zona al dedillo, y fue así. Incluso él se parapetó, según nos cuenta mi papá, antes de morir, se parapetó en el sitio por donde, por su criterio,  iba a pasar obligatoriamente.

EG: ¿Dos Ríos?

PPO: Por Dos Ríos, y entonces cuando pasaba le disparó la tropa que había allí y él inclusive fue y lo remató. Es lo que cuenta después el abuelo.

EG: ¿Tu abuelo le dispara a Martí?

PPO: Le dispara a Martí y después lo remata, es decir, va después hasta su cuerpo y lo remata. Entonces debes imaginarte cuán desgarrador es eso para un muchacho que va a una escuela, después de tantos años, que ve el busto de Martí, que conoce la trascendencia de ese hombre para el país, su pensamiento, su manera de sentir, su manera de ver el mundo, sus sentimiento hacia los demás, cuánto desgarra a un ser humano y a un niño más,  el saber que su abuelo, no una gente lejana, su abuelo directo, participó en eso. Yo sentía que tenía una deuda con la gente, con las personas, y comencé a pintar a Martí un poco como para sacar la otra cara, la otra imagen, sacar a ese hombre, flagelarme, no sé cuántas cosas más, un poco que sentí una deuda con ese hombre maravilloso que es Martí, para todos los cubanos y para buena parte del mundo y de América y comenzó a aparecer esa obra tierna, hermosa, que ya hago menos, un poco que sentí ese alivio interno.

EG: ¿A qué edad tú descubres esta historia?

PPO: Descubro esa historia como a los diez años.

EG: ¿Tú conociste a tu abuelo?

PPO: No conocí a mi abuelo.

EG: ¿Ya había muerto?

PPO: Ya había muerto



EG: Ahorita tú me hablabas que ustedes eran de Palma Soriano.

PPO: De Palma Soriano.

EG: ¿Tiene algo que ver el traslado a Pinar del Río la presión que probablemente social hubo sobre este hecho y la familia?

PPO: Mi papá era guardia rural y lo movían hacia los lugares como miembro del ejército, entonces lo situaron en determinados lugares: La Coloma, y otro sitio que siempre se me olvida y así lo iban moviendo hacia diferentes lugares, hasta que se quedó en Pinar del Río. Allá murió.

EG: ¿Y a él le afectó igualmente la historia esta del abuelo?

PPO: Nunca hablé con él nada de eso.

EG: ¿Tú te enteras cómo?

PPO: Me entero después que muere mi padre.

EG: ¿Cómo?

PPO: A través de mi mamá.

EG: Ella te la cuenta cuando te tenías ¿que edad Pablo?, ¿muy joven?

PPO: Tenía diez años.

EG: Y desde los diez años comienzas a espiar esa culpa como si fuera tuya.

PPO: Exactamente.

EG: Pablo, ¿y tu mamá cómo era?, ¿quién era?

PPO: Mi mamá una viejita maravillosa, chiquitica como loco, pero inteligente. Murió a los cien años, Edmundo.

EG: Vivió cien años.

PPO: Sí. Papi murió temprano, pero como que la vida compensa y me dio a mami  cien años. Una mujer que estaba constantemente actualizándose, leyendo mucho, oyendo muchas noticias. ¡Increíble!

EG: Entonces hay en tu familia un gen de longevidad, ¿no?

PPO: Bueno, no sé, yo creo que la longevidad viene más por las mujeres, somos cuatro hembras y cuatro varones, los varones como que nos vamos antes.

EG: Pero con una mamá de cien años pudieras aspirar a estar en el club de los ciento veinte años.

PPO: Tal vez, voy a esperar a ver hasta donde llego Edmundo. No creo que vaya a llegar mucho más allá.
EG: Pablo, y tu mamá ¿qué te enseñó?, ¿cómo era tu familia?, ¿cuántos hermanos son?

PPO: Ocho. Ocho de mi mamá, mi papá era un hombre muy abundante en amores, pero a buena parte de los hijos que tuvo, como dicen por ahí, los he conocido, nos hemos acercado. Hay uno que  tengo perdido, de Sumidero, otro municipio a donde mandaron a mi papá.

EG: ¿Y sigues tratando de encontrar?

PPO: Sigo tratando de encontrar. Mi papá era terrible.

EG: ¿Y como llegas a la pintura?, ¿cómo  Pedro Pablo Oliva llega a darse cuenta de  la importancia que va a tener la pintura en su camino? ¿Cuándo tú sabes que vas a ser pintor, Pedro Pablo?

PPO: Yo nunca sabía si iba a ser pintor o no. A mi me gustaba hacer historietas.

EG: ¿Historietas de comics?

PPO: Sí. Yo quería hacer eso y los hacía. Es decir, me dedicaba a hacer historietas en la casa, en la escuela, en cualquier sitio. Un día pasé por una escuela donde vi un anuncio que decía: Escuela de Artes Plásticas, todo el que quiera entrar.

EG: ¿De qué año estamos hablando?

PPO: Estamos hablando de 1962, sesenta y tres, por ahí. Yo iba con mi mamá, era el más chiquito y salía mucho con ella, y le dije que yo quería ir a esa escuela. Ella me llevó, me hicieron las pruebas, entré en la escuela. Era uno de los más chiquitos del aula, tenía que subirme en una banqueta para poder dibujar, pero  me sentía bien allí, hacia la secundaria y la escuela por la noche, porque era más bien nocturna.

EG: ¿Y ahí ya fuiste soltando la mano?

PPO: Fui soltando la mano. Después mi mamá me dice que yo tenía una tía, que había muerto,  que le gustaba pintar y a lo mejor la parte genética viene por ahí. A mi mamá también le gustaba pintar, hacía sus cositas en los manteles, me cogía los pinceles y las pinturas, los decoraba.

EG: ¿Sabes?, eso que me has dicho me llama mucho la atención, igual yo  lo vi en Tomás Sánchez,  su mamá, que era una pintura naif, primitiva.

PPO: Mi mamá no pintaba a lo mejor en el sentido a lo mejor que lo hacía la mamá de Tomás, pero sí para las cosas prácticas de la casa pintaba un mantel con sus frutas y esas cosas me daban gracia.

EG: Y tu atesoras esas cosas.

PPO: Una vez me berrié con ella, me fajé con ella porque me cogió un dibujo que yo tenía que entregarle a la escuela y ella me lo terminó y yo le dije: ¡Pero qué falta de respeto!, me insulté con ella y después dije ¿para qué hice eso si ella tenía deseos de dibujar?

EG: Claro.  ¿Y atesoras las cositas que pintaba tu mamá?

PPO: No, uno siendo tan muchacho no tiene un sentido…

EG: ¿Te pesa? ¿Te gustaría tener alguna cosita de tu mamá?

PPO: Por supuesto.

EG: Pablo, ¿entonces tu formación se produce en Pinar del Río a partir de ahí, hasta que llegas a La Habana?

PPO: Hasta el año sesenta y cinco que me voy de Pinar del Río y llego a la ENA, a la Escuela Nacional de Arte en aquél tiempo y allí me encuentro con otro mundo, yo vengo de una escuela académica, la escuela que yo pasé en Pinar del Río era una escuela de academia como la de San Alejandro, pero llego aquí y me encuentro a profesores como Fayad Jamis, imagínate tu, Antonia Eiriz, Adigio Benítez, Martínez Pedro, uno se encuentra con  esa vorágine de moustros de la pintura y empieza a cambiar el sentido estético de su vida y el sentido de la existencia, del pensamiento y el disfrute de la creación artística, en sentido general. Fui un alumno muy amigo de Fayad Jamis, quizás a través de él disfruté mucho más la poesía, mucho más que la pintura.

EG: Ahí comienza tu vocación literaria.

PPO: Tal vez. Es cuando comienzo a escribir, ya en la ENA comienzo a escribir por primera vez.

EG: Sin embargo ¿tú no has hecho mucho por impulsar tu faceta como escritor?

PPO: No.

EG: ¿Y por qué?

PPO: Porque al final sé que no soy escritor.

EG: ¿Quién te lo ha dicho?

PPO: Yo mismo, al final sé que me siento mejor expresándome con la simbología y con los elementos de la pintura.

EG: Sin embargo, tu tienes un pensamiento crítico desarrollado, estético, tu eres un hombre que hace valoraciones estéticas complicadas y eso es una forma de la literatura.

PPO: Pero Edmundo, preferí aplacar ese moustro y dedicarme a lo otro.

EG: A la pintura, solamente.

PPO: A la pintura.

EG: ¿Quién es para ti, así, realmente, que te salga del pecho rápido, el moustro de la pintura cubana? Un nombre que engrandece.

PPO: Antonia Eiriz.

EG: ¿Más que Lam? Para ti, para Pedro Pablo Oliva.

PPO: Siento más afinidad con Antonia. Sabemos que Lam es en definitiva la expresión de nuestra cultura general, esa unidad entre lo afro y lo español, pero yo prefiero a Antonia, Antonia para mí es una mujer de ovarios, de cojones, como diríamos nosotros los hombres. Una mujer que fue capaz de expresar todo lo que sentía y analizar su contexto y cuestionarlo e intentar mejorarlo, hacerlo mucho más lindo y mucho más hermoso.

EG: ¿Influyó en tu obra la formación de Antonia? Influyó en Tomás, por ejemplo,  la época del expresionismo.

PPO: Yo creo que nosotros, todos en la escuela, estuvimos bien marcados por Antonia. Algunos con Servando Cabrera, pero sobre todo por Antonia, yo por lo menos muy marcado, Tomás también.

EG: Muy pródiga esa generación tuya en artistas plásticos.

PPO: Sí, chico, yo no sé cómo es posible que saliera ese grupo enorme, no sólo de pintores sino de bailarines, de músicos, de Esquivel, de Arturo Sandoval, estaba ahí becado con nosotros.

EG: ¿Qué pasaba en Cuba?, ¿qué había sucedido en Cuba que lo propició?, ¿qué ambiente fue ese formativo de la Escuela Nacional de Arte?

PPO: Me vas a hacer que haga un análisis que no había hecho nunca. Yo lo que sí sé que indudablemente, al triunfo de la Revolución, hubo un interés por tratar que los talentos y los valores no se perdieran, en ningún lugar del país y se creó la escuela y se llenó con ese cúmulo de estudiantes, de jóvenes que veníamos de las provincias. Yo creo que fue una decisión maravillosa.

EG: ¿Hubiera sido posible sin la Revolución?

PPO: Yo creo que no, para nada, Edmundo,  te lo digo de verdad. Yo creo que yo soy pintor, lo reconozco, pintor,  gracias al hecho mismo de la Revolución, si no hubiera estado haciendo cualquier cosa en Pinar del Río. Eso se lo tengo que agradecer, como se lo tiene que agradecer Ever Fonseca, Tomás Sánchez, Fabelo, todos, Nelson Domínguez, Chocolate, hay que agradecérselo totalmente.

EG: ¿Qué es para ti la Revolución, Pablo? La Revolución, lo que tu sientas ahora mismo.

PPO: Para  mi la Revolución, por hecho natural, es cambio y creo que me estás haciendo una pregunta compleja y demasiado concreta. Es cambio, es surgimiento de lo nuevo, es transformación, es ideas nuevas, es eso, eso es la Revolución para mí.

EG: ¿Qué es para ti Fidel?

PPO: Una gente que intentó cambiar su mundo, el mundo que le rodeaba, que intentó apostar a ideas nuevas, que no siempre se logra. Creo que logró algunas cosas pero otras no, otras se quedaron en sus grandes proyectos. Yo por ejemplo, en estos días, me he leído mucho La Historia me Absolverá, que fue el gran sueño de este país, el sueño de él para con este país.


EG: El proyecto social.

PPO: El proyecto social para con este país y me he dado cuenta de cuántas cosas soñó buenas, maravillosas, pero que realmente no pudo hacer. Yo hoy lo analizo y siento que casi es el libro más disidente que tiene este país, lo digo de corazón, porque he leído cada sueño que quiso hacer y que ya no se puede hacer, ni siquiera en estos cincuenta años lo logró, algunas cosas,  pero otras no.

EG: Ahorita me hablabas de las razones que impulsan en tu iconografía  la presencia de Martí y en  los últimos años hay una presencia sostenida de Fidel, ya Fidel es  parte de tu iconografía.  ¿Qué te arrastra a pintar a Fidel?

PPO: Mira, el problema es que yo sentí en un momento determinado que ese Fidel de los primeros años de la Revolución había cambiado.  Fidel en los primeros años jugaba pelota, salía a cortar caña, se le veía más vinculado con el hombre cotidiano, ya después un poco que se alejó, incluso su discurso no fue tan cercano al hombre cotidiano como al principio, de momento lo podías oír hablando en un discurso sobre  la papa y la cosecha de la papa, o hablar de si las vacas no daban y si daban leche  qué se podía hacer, y todo ese discurso después se perdió, fue un discurso más internacional, mucho más ocupado del mundo externo, y yo sentía  que el hombre cotidiano ese un poco que se había perdido;  empezó a volver a él cuando se encontró con Chávez, un poco que la presencia de Chávez, como el Quijote  lo convirtió un poco en Sancho de nuevo, así como  Chávez tomó de Fidel la parte del Quijote, un poco esa idea, pero ya en ese encuentro él intentó de nuevo volver  a su discurso cotidiano cuando empezó a hablar de las ollas arroceras, de los frijoles cómo hacerlos y yo sentí en esos momentos la necesidad de expresar o de comunicar o de ver a ese hombre cotidiano, a ese hombre que después descubro que tenía no sé cuántos hijos, que no sabía cuál era su esposa, a ese hombre que yo me imaginaba que se enamoraba, que hacía el amor, que le gustaría seguro estar en el malecón con una muchacha, darle besos, o sea el hombre cotidiano, ese que vemos diariamente, que tal vez miraba un camaleón, que tal vez jugaba con sus nietos.
Me di cuenta que necesitaba haber visto a ese hombre abierto, amplio, que quizás la vida política no se lo permitió porque tuvo que esconderse por las historias de los asesinatos, de los proyectos de matarlo, pero que nos perdimos esa oportunidad de ver su vida cotidiana, ese hombre más cercano a lo humano, más cercano a lo cotidiano, más cercano a lo familiar,  tan importante para nosotros. Yo sentía que faltaba eso y en alguna medida he tratado de volcarlo, de expresarlo por las ausencias aquellas, por aquello que hubiera querido ver y sentir y ahí es que comenzó a aparecer la iconografía de Fidel, algo que por supuesto tuve temor a la hora de expresarlo porque los funcionarios  a veces temen permitirte, porque ellos asumen que pueden permitirte o no,  ciertas y determinadas cosas, permitirte que tú uses la imagen iconográfica de Fidel  y lo pongas en situaciones complejas. Una de las cosas maravillosas que tiene la obra de arte es que es  un mundo, un mundo que uno domina, un mundo que uno es capaz de hacerlo inverosímil, que quizás no pase en la vida cotidiana pero que uno lo puede hacer ahí. Yo puedo poner un caimito en la cabeza a cualquiera, puedo hacerlo volar, que en la vida no se hace, no se puede, pero uno domina ese mundo, lo conoce, lo disfruta, es un creador, uno se siente Dios ahí, con todo mi respeto pero es así, es un mundo que uno domina, que sabe que puede hacer como quiera. Entonces he tenido algunas incomprensiones por supuesto con relación a la iconografía de Fidel.  Cuando intenté asumir una obra que le llamé El extraño retrato de un hombre atormentado con su tiempo, que era Fidel enfrentado al sentido de la muerte, al sentido que se iba a ir y que iba a dejar tantas cosas inconclusas, ya la obra no gustó mucho, pero sencillamente, estaba indagando en el hombre que sufría por el hecho que por su edad, por su enfermedad o por su tiempo,  tenía que partir un día y dejaba una cantidad de cosas inconclusas, responsabilidad de él, y esa angustia del hombre atormentado con su tiempo, con su época, con sus conflictos,  me interesó reflejarla y esas cosas por supuesto no caen bien, no gustan, no se permiten. Hay obras que yo no he podido exponer, El gran abuelo nunca lo he podido exponer, el hombre alejado del mundo político, con un pijama. Te estoy hablando del 2004, Fidel no se había enfermado, te estoy hablando de años atrás y sin embargo no he podido exponer  esas obras y otras más.



EG: Fíjate tu acabas de mencionar El gran abuelo,  y tengo conocimiento de muchas de las cosas que estás explicando, he estado al tanto, sin embargo yo en la serie de El gran abuelo, que es una serie, porque hay un cuadro principal pero de él se derivan muchos cuadros, yo siento  una gran ternura a la hora de representar a Fidel, de un Fidel simbolizado y representado con una gran ternura en la mayoría de los dibujos.

PPO: Así mismo es.

EG: ¿Tú sientes ternura por Fidel?

PPO: Siento ternura por cualquier hombre que se haya propuesto mejorar el mundo, intentar cambiarlo y hacerlo mejor, que no lo haya logrado es otra cosa.

EG: ¿Y por Fidel?

PPO: Siento esa ternura. Es un hombre que intentó cambiar el mundo.

EG: Volviendo ahora a la obra, realmente, cuando me hablas de las incomprensiones,  el arte es subjetivo, interpretativo, de múltiples y dispares lecturas, pero fíjate, cuando yo pienso en la serie de El gran abuelo que oigo proyecciones de resquemor sobre alguna pieza, ¡la inmensa mayoría son verdaderos homenajes de ternura a la figura de él, desde el punto de vista de representación plástica, igual que con los Martí!

PPO: Exactamente. Es que trato de devolver a ese hombre a la vida cotidiana, a ese que somos todos, que todos tenemos nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestros deseos de mejorar el mundo,  vuelvo a repetir, un poco que trato de desacralizarlo, de convertirlo en el hombre cotidiano. Esto no quiere decir que sus decisiones en la dirección del país no hayan traído consecuencias desde el punto de vista humano, desgarrantes y terribles, ya sabes cuánta gente se ha quedado en el trayecto Cuba-Miami. Nosotros nos hemos desperdigado por el mundo, nos hemos separado como país, como familia. Son casi las consecuencias de un proyecto que un ser humano decidió asumir e intentar cambiar. Esto es desgarrante, esto no es tan sencillo ni tan simple como parece.

EG: Has tocado el aspecto de la emigración y yo vivo en los Estados Unidos y conozco familias que han perdido personas en el Estrecho de la Florida, pero la vida poco a poco ha ido mirando la política de Estados Unidos en el tema migratorio hacia Cuba, sólo hacia Cuba. Estados Unidos ha mantenido una ley de pies secos,  pies mojados, que es un encanto, un atractivo para una emigración económica.

PPO: Eso es un disparate, sinceramente, un atractivo, lo es,  Edmundo, es un gran disparate, de verdad. Yo sigo insistiendo que entre eso y el bloqueo es una gran locura.

EG: Cuba enfrenta ahora transformaciones. Raúl Castro ha hablado en la Asamblea, hace unos días, una semana aproximadamente y Cuba va a un camino de transformaciones económicas bajo la decisión de los cubanos. ¿Qué aspiraciones, cómo tu ves, cómo presientes, cómo entendiste esta presentación en la Asamblea Nacional, ahora viene el Congreso del Partido?

PPO: Mira Edmundo, yo soy muy cauteloso en eso, yo prefiero esperar, yo prefiero esperar porque la parte teórica es muy bonita.

EG: ¿Te gusto lo que dijo Raúl?

PPO: Si claro, fue un discurso diferente a todo el discurso anterior, es un discurso realista, muy realista,  con los pies puestos en la tierra, pero yo prefiero esperar, no me apresuro nunca para nada, siempre he sido muy cauteloso. Yo lo que sí sé que no se puede equivocar más, es decir que  no pueden haber más equivocaciones, si dentro de un año  dos resulta que no dio  resultados,  no sé adonde irá el país, no sé en que bache o en que hueco caerá

EG: ¿Qué temores te asaltan?

PPO: Que todo el proyecto social, de las cosas buenas que logró la Revolución, desaparezcan.

EG: ¿Qué es lo más extraordinario de ese proyecto social?

PPO: Para mí la educación y en cuestionamiento también. Yo soy partidario que un gobierno, o alguien que dirija un país no tiene por qué ser tan dogmático a la hora de la enseñanza, yo soy partidario que mis hijos tengan la educación que yo quiero que tengan, y no la que me impone un Estado, un país,  con una filosofía, con un nivel de pensamiento y una política. Yo soy así Edmundo.

EG: ¿Qué opinión tienes de la interacción que ha tenido la Iglesia Católica cubana con el Estado a través de su Cardenal Jaime Ortega y Alamino ysu Consejo de Obispos y que  ha llevado a la liberación de un grupo de personas?

PPO: Hay muchos cuestionamientos Edmundo, de ambas partes, inclusive de la desidencia, se cuestiona mucho el acercamiento, el papel que ha jugado la Iglesia Católica, pero a mi me parece buena.
EG: Y al Papa también.

PPO: Mira, tenemos puntos en coincidencia, ¡qué bueno! (Risas) A mi me parece realmente bueno, logró cosas importantes y que eran necesarias.

EG: Pedro Pablo, tú tienes tu familia aquí.

PPO: Tengo a toda mi familia aquí.

EG: Tus hijos no se han ido.

PPO: No se han ido, no han querido irse. Yo creo que yo en alguna medida los he retenido también.
Recuerda que la emigración cubana una parte es política y la otra es económica y he tratado que mis hijos no tengan que partir por cuestiones económicas, si parten que partan por cuestiones políticas y ninguno ha partido, han preferido echar aquí el resto, luchar, intentar enderezar como su padre el país, mejorarlo,  hacerlo mucho más lindo, más hermoso.

EG: Pablo, tu obra llega a cualquier rincón del mundo. En Miami, sin lugar a dudas, una de las bases del coleccionismo de arte cubano,  hay búsqueda de tu obra y de otros artistas, sin embargo hay un fenómeno que no se acaba de erradicar, que pudiera estar afectando a figuras importantes, de autores vivos, no muertos, que es el tema de falsificaciones de obras. ¿Tú estás siendo afectado por las falsificaciones de obras fuera de Cuba?

PPO: Igual que los demás artistas, igual que Fabelo que también lo falsifican, he tenido muchas falsificaciones, hemos recomendado  a los coleccionistas que nos envíen siempre  la imagen, pero sí  he tenido muchas falsificaciones,  ya han mermado un poco, por el control que tenemos, pero es natural Edmundo, la gente tiene necesidades económicas e intentan de resolver su problema de esa manera.

EG: ¿Cómo ves tú la relación entre el arte, el objeto artístico, el creador y el destinatario del producto artístico? ¿Cómo ves el fenómeno de la comercialización, se ha abaratado, no hablo de tu caso, o sea, ha habido una propuesta estética más complaciente, en los últimos años de la cultura cubana, sigue habiendo el mismo rigor de ustedes? De todas formas éste es un país donde los pintores  das una patada…  y te quería preguntar por eso también, ¿qué pasa en esta isla que los pintores y los soneros salen por doquier, aquí todo el mundo baila guaguancó o es un país de pintores a granel.

PPO: (Risas) Yo no sé qué es lo que pasa pero realmente das una patada, como tu dices, salen ni se sabe qué cantidad de pintores. Es una cosa increíble, ¡qué bueno!, acuérdate que hubo muchas escuelas de arte, que se graduaron muchos artistas y se siguen graduando.

EG: ¿Y el concepto de la luz, de la insularidad, eso un componente?

PPO: Yo no conozco eso Edmundo, tendría que hacer un análisis a partir de ahora, complejo y con especialistas con relación a eso, a lo mejor la transparencia de la luz nos ayuda, pero hay una  cantidad enorme de artistas, algunos se dedican, por supuesto, a una obra más comercial, más atractiva para los coleccionistas, porque tienen que vivir porque recuerda que aquí los sueldos son muy bajos con relación  a la oferta de los productos, que son muy caros y para vivir y para vestirse hay que tener una economía, y mucha gente tiene familia, y tiene que mantenerla, entonces a veces comercializan su obra, yo estoy convencido que no quisieran, aunque hay siempre gente interesada en el dinero más que en otra cosa, pero hay otras generaciones que no les interesa mucho eso y que trabajan con galerías en el exterior, con Ramón Cernuda, por ponerte un ejemplo, y que hacen una obra mucho más seria y más compleja desde el punto de vista intelectual.

EG: ¿Tú has visitado Estados Unidos?

PPO: Fui una vez hace muchos años, antes que se derrumbaran las Torres Gemelas, estuve por Miami y por New York una vez.

EG: ¿Y no tienes previsto exposiciones o presencia en Estados Unidos?

PPO: No, Edmundo, yo estoy refugiado aquí,  en la casa, en Pinar del Río, disfrutando de la creación, haciendo lo que me gusta hacer, pero preparar una exposición…

EG: ¿Ya no te interesa tanto exponer, Pedro Pablo?

PPO: Ya no me interesa tanto exponer.

EG: Tu eres Premio Nacional de Artes Plásticas, yo me pregunto y te pregunto a ti, ¿llegará el momento que a algún artista cubano, en este caso estamos hablando de un pintor, pudiera hacerle la pregunta a un escritor que viva aquí, por el valor de su obra,  pueda aspirar a ser Premio Nacional de Artes Plásticas, aunque no viva en Cuba?

PPO: Mira Edmundo, cuando me dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas yo di un pequeño discurso que yo no sé si lo lograste ver en Internet, estaba puesto creo que en La Jiribilla, yo hablé muy claro con relación a eso, allí estaba toda la gente, estaban el Ministro de Cultura y otros dirigentes del Partido, que yo no entendía por qué existía el Premio Nacional de Artes Plásticas con las características que se estaba dando, porque yo sentía  que si intentaban recoger la historia de este país, no podía tener la limitación que fuera con  los artistas  que vivían en Cuba, porque la historia no se podía escribir de dos maneras, había que escribirla sólo de una, y yo era del criterio que Tomás Sánchez se merecía ese premio, se lo merecía Bedia,  se lo merecía Flavio Garciandía, Segundo Planes, yo no sé qué cantidad de artistas que viven hoy fuera pero que no están incluidos dentro de la estructura que hizo el Consejo de las Artes Plásticas con relación a ese premio. Eso es un gran disparate, siempre lo he dicho y lo diré.

EG: ¿Por  cuál tú votarías, si viviera fuera,  para que primero recibiera el Premio Nacional de Artes Plásticas?

PPO: Yo creo que Tomás, Tomás Sánchez y después a Bedia y después tendría que ponerme a pensar.
También está Carlos Luna por ahí y un grupo increíble de artistas, Tomás Essen  que no sé por dónde está.

EG: Creo que está por Boston.

PPO: Hay gente que realmente no se debió haber ido nunca del país.

EG: Y hay gente que ha tenido un destino muy triste, su obra también.

PPO: Uno es Tomás Esson,  yo creo que su obra era de aquí, porque  se nutría y se llenaba con el espíritu de nuestra existencia, Segundo Planes igual, y así un grupo de artistas que yo siento que no debían haberse ido nunca, que debían haber estado aquí, espada en mano, luchando, la verdad.

EG: ¿Pablo, tu eres un hombre muy emocional, verdad?

PPO: No sé, no sé cómo tú me ves, ¿cómo tú me ves?

EG: ¿Tú eres un hombre emotivo, a los sesenta años todavía te enamoras?

PPO: Todavía me en enamoro.

EG: ¿Te enamoras mucho?

PPO: Todavía me enamoro mucho.

EG: ¿Y escribes poemitas así…?

PPO: De vez en cuando. Todavía me enamoro, todavía me lanzo, todavía me arriesgo. No sé por qué tiempo, me arriesgo simplemente.

EG: ¿Y de las cosas cotidianas de la vida cuál es la que más te irrita, te molesta, cuál es la que más trabajo  te cuesta?  De las cosas que hay que hacer, ya sea afeitarte,  por ejemplo.

PPO: Yo odio afeitarme, te lo digo de corazón,  perder el tiempo, pero no me queda más remedio a veces, porque la gente lo quiere ver bonito a uno. Uno no tiene arreglo ya con los años, ¡pero bueno…!

EG: Pablo, ¿vas a escribir tus memorias o vas a escribir algo que más o menos se pueda leer en palabras y no en figuras?

PPO: Bueno, yo llevo, durante cierta etapa,  haciendo algo que yo le llamé Confesiones, son confesiones que yo voy haciendo hace muchos años, que de vez en cuando las tomo, las voy escribiendo y las dejo, a lo mejor un día las recopilo todas, son confesiones, cosas que espontáneamente me parecen importantes en mi vida.

EG: Una de los temas  que veces se discute más, yo tengo mis opiniones, pero yo no estoy aquí para dar las mías sino para escuchar las tuyas, en los últimos tiempos hay quien  habla como de una cofradía de la negritud, hablan que la Revolución discrimina, que ha habido discriminación.  Tú que eres un hombre 
 mestizo, ¿cómo sientes tú el fenómeno racial, étnico, en la sociedad cubana?  y si quieres has una valoración.

PPO: No te puedo hacer una valoración compleja, sencillamente sé que existe, porque es imposible erradicar de una manera fuerte y tajante.

EG: ¿Pero es cultural o es institucional?

PPO: ¡Me acabas de matar! Yo creo que en ocasiones es institucional, en ocasiones es cultural. Yo creo que tengo que usar esa ambivalencia.

EG: ¿En qué sentido sería institucional? A ver, tu opinión

PPO: Cuando me refiero a institucional me refiero que hay un sitio, por ejemplo, donde se necesitan x trabajadores y a veces no escogen al negro.

EG: ¿Haría falta una acción afirmativa en ese sentido? Los norteamericanos obligan, por la gran segregación que hubo en ese país, a las universidades a cumplir unas cuotas de minorías.

PPO: Existe la cuota, pero a veces eso se viola. Por ejemplo, en el Partido existe la cuota si es negro, si es blanco, existe.

EG: Entonces, ¿qué parte es institucional, según tu criterio?

PPO: Es que se sabe que existe cierto racismo todavía y a veces hay que insititucionalizarlo, a veces hay que …
EG: Entonces sería cultural, si viene de los hombres.

PPO: También.

EG: ¿Cómo lo ves tú realmente? No me queda ahí clara la respuesta.

PPO: Bueno, quizás es que yo tampoco lo tenga claro.

EG: ¿Tú alguna vez te has sentido discriminado?

PPO: La única vez que me sentí discriminado no fue por cuestión  racial.

EG: ¿Por qué?

PPO: Hace unos cuantos años cuando fui a entrar a un hotel y no me dejaron entrar porque era cubano, pero es por las condiciones de  la política del país, pero nunca me he sentido discriminado por una cuestión racial.

EG: ¿Y los referentes que tienes?, ¿tu mamá era mulata?

PPO: Mi mamá era mulata pero india. La abuela de mi mamá si era negra, y era negra esclava.

EG: ¿La conociste?

PPO: Nunca la conocí.

EG: Pero tuviste referencia de lo que fue la discriminación. ¿Ha habido una evolución en Cuba en el tema racial?

PPO: Yo creo que sí, Edmundo, si voy a comparar los años antes de la Revolución, que viví, y los comparo con ahora, sí, ha habido una amplitud mucho mayor, no existe la discriminación racial tan fuerte que existía en aquellos años, yo me acuerdo de aquello y era fuerte, era desgarrante, la condición de ser negro, así que en ese sentido yo creo que ha habido una amplitud cultural mucho más fuerte.

EG: Pablo, si hay algo más que quisieras hablar me encantaría recogerlo, si no, te pediría un mensaje, si fuera bien reconfortante,  para todos los cubanos, en cualquier lugar del mundo, que tu  maestro, tú cubano, tú intelectual, qué palabras tuyas tú quieres que todos los cubanos escuchen.

PPO: Que mañana va a cambiar el mundo, y que nos vamos a ver todos aquí, sin limitaciones, sin prejuicios, que el país va a volver a ser una unidad, una cohesión, que no vamos a tener tantos odios, tantos rencores que tanto nos dividen todavía, ya, el amor, no sé, trasmitirles  que aquí hay gente que lucha porque este país se enderece, que este país proyecte no odio, sino amor. Eso.

EG: Es verdad, porque hay gente por ahí, pintores jóvenes, que dicen que tu eres el Picasso cubano de este tiempo, ¿tú eres como un Picasso cubano de este tiempo?

PPO: Yo no sé por qué dicen eso, si yo soy un pobre diablo que a veces no se da cuenta ni como puede pintar.

EG: ¿Te da trabajo a veces?

PPO: Me da trabajo. Me sigue dando trabajo pintar. Me paro frente a la tela, Edmundo, y me digo cómo coño resuelvo esto, cómo hago esto. Es como si comenzara de nuevo la creación del mundo, tal vez por eso es el afán que tengo de pintar desde lo oscuro. Yo cubro la tela de negro y después empiezo a sacar los colores.

EG: Pero hay algo extraordinario, Pablo, tú eres un hombre que dominas, magistralmente, todas las técnicas, el dibujo, la acuarela y el óleo.

PPO: No me doy cuenta.

EG: Hay alguien que me decía: “el óleo es un cabrón, porque tú no sabes, cuando seca cómo va a secar”.

PPO: Es verdad.

EG: Y yo que, siendo un muchachito, los vi pintar tanto a ustedes y me verdadera formación fue al lado, sobre todo, de los pintores cubanos de tu generación.

PPO: Es verdad.

EG: ¿Me recuerdas? Siendo un muchachito, buscándolos, mirándolos, viéndolos. ¡Ese dominio tuyo de las texturas, el trabajo de las texturas, el dominio absoluto del óleo, como que eres alguien que militarizas y disciplinas al óleo que es bastante impredecible!

PPO: ¡Eso de absoluto…!

EG: Ya la palabra absoluto no te gusta, lo sé.

PPO: Eso es muy dogmático.

EG: (Risas) Lo sé. Cuando tú trabajas el óleo, las texturas, tan complejo, que queda ahí preciso, o sea, ese dominio tuyo del óleo, además de todas las demás técnicas, Pablo,  realmente es impresionante, te lo digo de corazón, ¡es impresionante!

PPO: Gracias, Edmundo, pero ya te digo, siento el mismo temor cada vez que comienzo una obra, parece mentira, el mismo temor.

EG: Porque el acrílico seca muy rápido pero el óleo no es así.

PPO: No, no es así, el óleo necesita su tiempo.

EG: ¿Tú trabajas  poco con acrílico?

PPO: Muy poco con acrílico, prácticamente para crear las texturas nada más, todo lo demás es todo óleo.

EG: ¡Tú que eres un maestro!

PPO: No, no vamos a mixtificar mucho el óleo como material, hay gente que hace maravillas con el acrílico, yo lo que pasa Edmundo es que me he habituado a trabajar con el óleo porque me da tiempo de pensar y me da tiempo de borrar, también. Por ejemplo, dibujo a lápiz, los bocetos los hago a lápiz, ¿por qué?, porque mi mano se acostumbró a que es el  lápiz y no a otra cosa, como que me da mi tiempo, como que borro, con el óleo igual, me acostumbré a que ese era el material, a que ese era el tiempo que tenía hasta para borrar de nuevo, que lo puedo hacer con el acrílico, pero el acrílico seca muy rápido y ya no te da tiempo. Tengo tantas dudas a la hora de pintar que prefiero trabajar con el óleo.



EG: Lo que sí he notado en tu carrera es que hay épocas en que dejas de pintar, hay épocas en que dejas de dibujar y pintas y pintas y pintas.

PPO: Así mismo es.

EG: ¿Ahora en qué etapa estás?

PPO: Ahora estoy en una etapa de dudas de los dos.

EG: ¿Qué estás haciendo más?

PPO: Estoy dibujando más que otra cosa. Sobre todo dibujos chicos, estoy haciendo muchos dibujos chiquitos, tengo necesidad de expresarme mucho, de expresarme mucho, entonces estoy haciendo cosas muy chicas, pero con mucha ansiedad de hacer obras en pintura, grandes, es decir,  no me siento muy bien pintando chiquito. Necesito como que explotarme en una obra grande.

EG: Segundo Planes me dijo  una vez: “es que no es lo mismo un centímetro de verde que un metro de verde”

PPO: Exactamente, no es lo mismo, inclusive hasta psicológicamente. Tengo un cuadro por ahí que se llama Muchacha levitando sobre un cubo, que lo expuse cuando me dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas, esa obra es grandísima, pero es que tenía que ser de ese tamaño, porque yo necesitaba que la figura humana fuera del tamaño real de una figura humana, y no otro. Si fuera chiquita el efecto fuera diferente y entonces viré, como ésta, la figura, pero del tamaño real, para que uno sintiera cierta relación de que esa persona es del mismo tamaño que yo, sin embargo está a la inversa, es decir una extraña sensación de solidaridad, de igualdad, de cogerte psicológicamente y decirte: “tú también puedes hacerlo”. Entonces viré esa figura  y la hice levitar sobre un cubo.

EG: Pablo, y el llamado arte efímero, que se desarrolló tanto hace unos  años atrás. ¿Nunca participaste del arte efímero?

PPO: Nunca participé del arte efímero. Estoy preparando una instalación participativa, con sombrillas, un grupo de sombrillas blancas,  con el texto de La Historia me Absolverá, una parte del  texto de La Historia me Absolverá, es grande pero también quiero dejar un espacio  para que el público entre y diga lo que tenga ganas de decir, sin limitaciones.

EG: ¿Como lo que hizo Tania Brugueras?

PPO: Como lo de Tania Brugueras, pero en este caso es con sombrillas que tienen todo el texto de La Historia me Absolverá. Vamos a ver si me lo dejan hacer, yo me imagino  que no.

EG: ¿Por qué tú crees que no te lo dejarían hacer? ¿Por qué crees que no?

PPO: Porque creo que ya el hecho de permitir que la gente llegue y hable de lo que le de la gana de hablar todavía… En teoría Raúl lo pide pero es muy difícil convencer a los funcionarios.

EG: ¿Tú estás escéptico Pablo?

PPO: Sí, estoy escéptico.

EG: ¿Por qué forma parte de tu idiosincrasia, de tu condición?

PPO: De mi condición y porque son cincuenta y pico de años Edmundo, viendo cómo “hoy nos equivocamos” y mañana “fuimos por el camino correcto”, “y ahora si vamos a cambiar” y “esto va a ser distinto”  y entonces de momento es lo mismo y se mete de nuevo la pata. Esto es un atrevimiento lo que voy a decir, yo cargo siempre con las consecuencias de lo que digo,  yo digo que si hubiese existido otro partido político en el país las cosas no hubieran durado tanto.


EG: ¿Qué no hubiera durado tanto?

PPO: Los equívocos, las equivocaciones, porque yo creo que cuando uno tiene un opuesto que es capaz de cuestionarlo al máximo, tú recapacitas, pero como no existía se prolongó tanto en el tiempo. Yo soy partidario de la creación, de la formación,  de otro partido político en el país. Es un atrevimiento, cuando alguien lo oiga va a decir  “éste está loco”, pero…

EG: Como ésta es una conversación entre tú y yo, ¿nunca has pensado que en Cuba otro partido político sería, automáticamente, el partido de los norteamericanos?

PPO: No necesariamente, ¿por qué?

EG: Por la financiación que, en forma de ingerencia, emite el gobierno de Estados Unidos, que no lo hace en el resto del mundo.

PPO: Yo lo sé, pero te estoy hablando de un partido con un determinado pensamiento y una determinada línea de trabajo.

EG: A ver…

PPO: Yo te entiendo.

EG: No, no me tienes que entender. Lo que hace Estados Unidos aún sin haber aquí dos partidos, tres partidos, en cuanto a financiación de eso, a financiación de partidos…

PPO: No necesariamente tiene que ser un partido que acepte financiación de Estados Unidos, ¿por qué?, ¿por qué tiene que ser así? No necesariamente, hay cubanos aquí que no necesitan eso, que tienen su pensamiento, su lucidez, su manera de ver del mundo y no necesariamente hay que tener un apoyo de Estados Unidos, ¿por qué?

EG: Bueno, yo comparto esa opinión tuya, ahora desde el punto de vista de que nunca debía haber injerencia, pero la realidad demuestra, desde la segunda carta de Jefferson hasta nuestros días la permanente injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba, buscando el derrocamiento de la Revolución y el gobierno, primero el apoyo a los gobiernos anteriores, que eran afines, segundo los asesinatos políticos, invasiones militares, subversión,  dinero, partidas millonarias, grupos de oposición, todo eso es una realidad que está publicada ya por los Estados Unidos.

PPO: Pero Edmundo, vamos a ver una cosa, ¿tu no piensas que las personas tienen derecho a unirse a un grupo que tenga puntos comunes? Todo el mundo tiene el derecho de hacerlo, entonces ¿por qué no?

EG: Yo estoy de acuerdo, ¿pero tú entiendes que Cuba corre otros peligros que no corren otras naciones, que han como un enconamiento incoherente hacia Cuba por parte de Estados Unidos?

PPO: Sí, lo reconozco.

EG: ¿Entonces Cuba tendría algún derecho a defenderse de eso?

PPO: Por supuesto, pero creo que eso no debe limitarnos al punto de no existir un espacio donde un grupo de personas piense de una manera común.

EG: ¿Y en Cuba la gente no piensa como le da la gana, pensar?

PPO: Bueno, pensar uno piensa como le da la gana porque eso es una cajita ahí que nadie abre, pero expresarlo, hacerlo público, yo creo que tendría que ser mucho más abierto el Partido Comunista de Cuba como para permitir que fuera mucho más amplio, ¿te das cuenta? Menos dogmático, menos represivo y que oyera, que participara la gente que tiene otro nivel de pensamiento, de verdad. Tendría que ser mucho más amplio y yo lo dudo.

EG: Pero ¿lo dudas porque eres muy escéptico por naturaleza?

PPO: Porque la vida en estos cincuenta años me ha demostrado eso.



EG: ¿No tienes esperanza, Pablo?

PPO: No.

EG: ¿Tú eres un hombre sin esperanza?

PPO: No, soy un hombre con esperanzas,  coño si creo en el mejoramiento  humano, en la vida futura, si tengo la esperanza que el mundo cambie.

EG: Pablo, y si ti cae en la cabeza, si comienza esto un proceso de transformación profunda nacional, soberana, profunda, de cambios, ¿te sentirías sorprendido por la vida?

PPO: Yo creo que sí.

EG: ¿Y te gustaría?

PPO: Por supuesto, por supuesto.

EG: Gracias Pablo. Gracias por estas palabras  al gran  maestro cubano Pedro Pablo Oliva.