Mostrando entradas con la etiqueta Cubanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cubanos. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de enero de 2012

Entrevista a Bilko Cuervo, director cubano de videos musicales




Carlos Eduardo Castro Maristany 
(Tomado de Cuban Art News) 

Con 32 años, el holguinero Bilko Cuervo ya ha dirigido más de 150 videoclips musicales en Cuba y ha participado en la realización de otros 100 como director de fotografía y/o director de arte. Cuervo, quien es graduado del Instituto Superior de Arte, de fotografía en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, y Máster en Publicidad en la Universidad Central de México, ha obtenido desde el año 2003 más de 14 galardones en los Premios Lucas, uno de los eventos audiovisuales más populares en la isla. Calificado ya de “autor” por su peculiar visión, ha trabajado con los más importantes músicos cubanos de casi todos los géneros, así como de Jamaica, República Dominicana, España y Estados Unidos. Es también Embajador de Buena Voluntad (2010) de la UNICEF, por su documental “Yo soy tumbero”.


Entre maletas y apremios, Bilko accedió a conversar con Cuban Art News sobre el videoclip cubano, un fenómeno cultural aún no suficientemente reconocido en el mundo.


¿Cómo funciona, de manera general, la producción de videoclips en Cuba?


Los músicos pueden encargar un videoclip de dos maneras: una, su disquera aporta el financiamiento o los propios músicos lo ponen. En la mayoría de los casos, ellos lo ponen todo, porque cuando las empresas dan dinero, casi nunca ponen el suficiente. Los directores estamos representados por la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, y a través de esta trabajamos. Además, contamos con nuestro propio equipamiento, de mayor cantidad y calidad que cualquier productora estatal cubana. El mercado del videoclip cubano es un mercado que funciona de modo autónomo, no depende de las productoras de audiovisuales estatales, aunque utiliza mucho personal que trabaja o ha trabajado con y para algunas de ellas.


Cuando se trata de artistas extranjeros la diferencia en los presupuestos es notable. Su nivel adquisitivo es mucho mayor. Un videoclip de 30 mil a 50 mil dólares es un clip de un presupuesto modesto para ellos. Para los músicos cubanos, esa cifra es impensable.




Link:http://www.youtube.com/watch?v=gFpYl6vKq00&feature=related


¿Qué diferencias encuentras entre el videoclip cubano y el extranjero?


El presupuesto es lo que marca la gran diferencia. Si nosotros filmamos en video, ellos filman en cine. Y si ellos filman en video, filman con cámaras superiores a las nuestras. Las producciones son mucho más grandes.


¿Por qué no se difunde más en el mundo el videoclip cubano, considerando su alta calidad artística en general?


Si no hay un mercado real, si no estás insertado en el mercado real latinoamericano, primero, no puedes insertarte después, ni en el norteamericano, ni en el europeo. Además, todas las grandes cadenas de televisión del mundo exigen que los videoclips cumplan con algunos parámetros para ser aceptados. Nosotros trabajamos muchas veces, aunque no siempre, con cámaras que no tienen toda la calidad requerida.


Afuera hay un mercado real de la música, en Cuba no. Por ello, la función del clip en Cuba es diferente. Los directivos de los centros culturales nocturnos cubanos ven un buen videoclip de una banda, y la contratan. Y esa es la principal fuente de ingreso de ésta. Así, el disco no cumple casi ninguna función. Afuera se respeta el single. Este sale antes que el disco. Hay un proceso de marketing detrás de cada propuesta.


¿Cómo describes tu mundo creativo?


He tratado siempre de sacar todo lo bueno de lo malo; de ver la parte bonita en todo lo feo. Soy gran admirador del rock and roll, del rock duro como tal, en su más extrema vertiente. Me gusta mucho el jazz, pero considero que el rock es mi vida, y creo que de ahí viene un poco mi formación visual. Respeto mucho a la mujer y la ancianidad, porque fui criado por mujeres ancianas. Por eso es que normalmente trato de trabajar con personas mayores o con niños. 


Mucha gente me ha preguntado por qué siempre trato historias tan oscuras. Creo que en éstas, cuando se toca fondo, es cuando realmente sale lo mejor del ser humano. Me interesa esa parte, donde el ser humano se quiebra y se levanta, o se quiebra y se hunde.


¿Qué es lo más importante para ti a la hora de concebir un videoclip?


La historia que se cuenta. En el videoclip tienes que responder a exigencias del mercado, de las disqueras, de las personas que te contratan. Pero pienso que no hay divorcio entre el buen hacer, la buena idea y lo comercial. Eso sí, estas exigencias no pueden ir nunca en contra de lo que yo pienso, o de lo que yo defiendo estéticamente.


Para mí un buen videoclip es el que tenga una historia interesante que contar, o imágenes interesantes que mostrar; que mueva la fibra, sobre todas las cosas, que se sepa que hay arte detrás de eso; que quiera comunicar algo. Y por supuesto, que cumpla siempre con el objetivo publicitario, de vender una canción o pieza musical.




Link: http://www.youtube.com/watch?v=G5uHvwquOTs

Aun con tus preferencias, has trabajado casi todos los géneros musicales. Y el reguetón predomina en tu obra. 



En mi obra abunda mucho más el reguetón, POR DESGRACIA. Me gusta mucho más hacer videoclips de rock and roll, de rock en este caso, de jazz, de hip hop duro, agresivo; sobre todo de rock. Me gusta trabajar la buena música; la música inteligente. No obstante, todos los géneros los enfrento de la misma manera, con las mismas ganas. 


Sin duda, uno de los primeros videoclips de reguetón –no quiero pecar de inmodesto- que cumplió con los estándares internacionales de transmisión, sobre todo en la puesta en escena, lo hice para el tema “Pitchea, del grupo Eminencia Clásica. A partir de ahí, apareció una legión de músicos de reguetón, a los cuales agradezco –al reguetón no, a ellos- que me hayan llamado, porque muchos de ellos son buenos amigos.


Uno estudia, se supera y crece. Y como enseñan en las escuelas de cine, una idea no es una idea cinematográfica hasta tanto no sea una idea de producción, y entonces las ideas crecen, uno crece como persona y también crece su arte. Por ahí va la cosa.


Personalidades del audiovisual cubano, como el director de los Lucas, Orlando Cruzata, te consideran capaz de adentrarte de lleno en el largometraje de ficción. ¿Has pensado en esto? ¿Hacia dónde piensas dirigir tus pasos?


Voy definitivamente a la ficción. Tengo cuatro argumentos. No soy un gran aficionado al documental. Si lo tengo que hacer, lo hago. Respeto mucho a los documentalistas. Pero si Dios, la Virgen de la Caridad y Obbatalá me dan salud voy hacia la ficción de gran escala, como fotógrafo y como director, a corto y casi inmediato plazo.


Volveré siempre al videoclip, porque me gusta hacerlo. Me gusta la impronta, la velocidad, la adrenalina que se despliega en un set de filmación; las historias, que tienen que cumplir un objetivo bien marcado, rápido, conciso, sintético. Me gusta eso. Pero ya el videoclip no será la prioridad que fue durante algunos años en mi vida.


En los últimos tiempos has trabajado fuera de Cuba. ¿Qué has estado haciendo?


En Islas Caimán formé la empresa CAYPROFILMS, pero esta etapa ya terminó por situaciones personales. Estuve haciendo comerciales, videoclips y algunos proyectos de películas que creo que se van a dar pronto; estuve haciendo lo mismo, dirigiendo, fotografiando. Ahora me contrató en Jamaica una de las principales empresas audiovisuales FAREYE FILMS para trabajar durante unos meses junto a mi equipo cubano: para realizar trabajos publicitarios, videoclips, y dos proyectos de películas. 






Link: http://www.youtube.com/watch?v=qz_GQNXyb7o

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los Poseidos



 Eduardo Del Llano
Como le ocurre a casi cualquier cubano que viva en la isla, buena parte de mis amigos ha emigrado. En lo que me concierne, ninguno ha dejado de ser mi amigo por eso. Creo que todos hemos tenido razones para considerar marcharnos –económicas, políticas, las que sean, sin olvidar a quienes vieron agredida su dignidad por razón de su comportamiento sexual, su credo o sus ideas acerca de lo que es mejor para su patria, e incluso porque escuchaban la música del enemigo- y la verdad es que cada vez resulta más difícil entender, no a quien se va, sino al que se queda.
Si respeto muchísimo a los emigrados –incluso mi mujer es una- en cambio detesto a los extremistas. Hay una subespecie de individuos que por huirle al rojo (o al verde, según se mire) se atrinchera al otro extremo del espectro. Aunque muchos de ellos no recibieron ni un cocotazo en su país natal –algunos lo hubieran querido, cómo no- no hay nada ni nadie en la sociedad cubana a salvo de su odio. Son quienes, si hay diez explicaciones posibles para una medida del gobierno, apuestan invariablemente por la más siniestra; los que, si algún opositor muere atendido en un hospital, aseguran que lo mató la Seguridad; los que abogan por ideas tan delirantes y ofensivas como que Cuba probó la independencia y no resultó, así que lo mejor para su patria en las presentes circunstancias es volver a ser parte de España.
Los hay que, aunque se marcharon de su país en el primer chance sin haberse comprometido en actos de protesta cívica de mayor envergadura que mirar atravesado el Comité Central o limpiarse el culo con el Granma (y ahora cacarean allá afuera y viven más pendientes del Granma que quienes nos quedamos en Cuba) retuercen curiosamente la historia y la semántica para decir que ellos, los que abandonaron el campo de batalla, son los valientes. Su ausencia dura diez, quince, veinte años, pero en su mente nada ha cambiado en el país que dejaron atrás. Como tampoconada hecho en Cuba les parece bueno, y les escuece si tiene éxito; ninguna crítica, ningún razonamiento vale para ellos si no es una crítica demoledora: ni siquiera Silvito o los Aldeanos les parecen lo bastante audaces. Desde la –muy relativa- comodidad de su nido en un cachito del Primer Mundo, aseguran que la izquierda y la derecha han perdido sentido, que el mundo actual pivota únicamente sobre democracias y dictaduras, entendiendo democracia como una suerte de patente de corso que justifica represión en el suelo que habitan y guerras sin motivo en los suelos que molestan. Tienen a sus espaldas a los indignados –parte visible de un enorme iceberg de insatisfacción social- pero no pueden apartar la vista del objetivo del microscopio, enfocado en un empujón dado en la Habana.
No sabría decir quiénes son peores, si los intelectuales que tuvieron cierto calibre en Cuba y no han conseguido –ni conseguirán jamás- hacer nada que los aúpe en el suelo que ahora los cobija y donde nadie esperaba por ellos o los necesitaba, o los subnormales con un blog en la mano -y la posibilidad de husmear en blogs ajenos- que con un aplomo increíble desbarran sobre temas que desconocen por completo o intentan zaherir a personas con una estatura artística, moral o simplemente humana que los deja reconvertidos en pigmeos. Dan por sentado que el mérito en Cuba es sospechoso y sólo puede ser político, que si un cubano sobresale un poco, sobre todo en lides culturales, es un agente de la Seguridad que se toma unas cervezas con su oficial durante el fin de semana. Es comprensible: aceptar otra cosa sería reconocer de facto que tal vez la que asumieron no era la única salida.
Gente como la que describo –o como sus iguales en el lado oficialista- sólo complicará el futuro de Cuba, sea este cual sea, porque si de algo estamos urgidos los cubanos es de tolerancia y objetividad. Necesitan reescribir la historia de Cuba pasada y presente, burlarse de sus héroes y sus grandes hombres, renegar de todo lo que pueda ser sagrado para un cubano –antiguas amistades incluidas- porque así se sienten más libres. Infelices. Están poseídos por una rabia diabólica. No se han limitado a marcharse a otra tierra: están poseídos por ella. De hecho, están poseídos en todos los sentidos.

lunes, 24 de octubre de 2011

Programa radial de Miami sobre los artistas cubanos a propósito de videoclip de Isaac Delgado y Gente de Zona








Link: 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Requiem por Nueva York

Alexis Romay

Tomado de belascoainyneptuno.com

Estuve al menos media hora en uno de los vagones del metro N, en mi trayecto rumbo al sur de Manhattan, varado en algún punto impreciso entre las estaciones de la calle ocho y la calle 14. En aquel entonces no tenía teléfono móvil. (A decir verdad, no creía en los teléfonos móviles: me irritaba sobremanera la gente que andaba arriba y abajo en cuchicheo perenne con Dios sabe quién al otro lado de la línea). Horas después, aclaradas las dudas, comprendería que de poco me habría valido una conexión celular. Casi todos los circuitos telefónicos en ese momento estaban incapacitados.
Al principio no nos dijeron nada. Por suerte o por desgracia, mis años en Cuba me habían familiarizado con la vaguedad como método de información, así que intenté ignorar aquel desconocimiento que nos mantenía, en su forma más literal, bajo tierra: las autoridades ferroviarias habían optado por preservar la calma en el submundo. Ya al cabo de cinco minutos, cuando la parada irregular se había extendido mucho más de lo acostumbrado, empezaron a anunciar por el sistema de altoparlantes que debido a una congestión al sur de Manhattan estaban demorando —y hasta desviando— los trenes que iban al área de Wall Street.
¿De qué tipo de congestión hablaban? Se referían al hecho como algo que ocurría “above ground”. La manera en que decían “above ground” me pareció un poco melodramática: más apropiada para una película taquillera del Hollywood más comercial. «Estos americanos», pensé. Por otra parte, ¿cómo era posible que un disturbio sobre tierra pudiera afectar a quienes viajábamos —ajenos a todo— en sus entrañas? La claustrofobia empezó a generar preguntas que, por el momento, iban a caer en saco roto. Sin otra alternativa, regresé a la lectura de turno, que era, con toda probabilidad, algún escritor del Boom latinoamericano, a quienes tuve que (re)leer para (mi desdicha y) la maestría en esta olvidada lengua que cursaba por aquel entonces.
Pasado un tiempo incalculable, le dieron luz verde al tren. Recuperó el ritmo y en par de minutos se puso en la estación de la mentada calle ocho. Bajaron varios pasajeros, pero —esto debió haberme sorprendido— el flujo fue unidireccional: no subió nadie a repoblar mi vagón. No presté atención al detalle. ¿Qué se podía esperar de un martes común y corriente?
El tren siguió su curso como si nada hubiese pasado; como si la media hora que nos retuvo en ese limbo subterráneo perteneciera a otra vida, a otro tiempo. Casi automáticamente empecé a ensayar la excusa que le daría a mi jefa para amortiguar la tardanza. ¿Me creería? ¿Media hora atascado en tierra de nadie? A otro perro con ese hueso. La próxima parada era la mía. Me quedaba en Prince, esquina a Broadway. Mi trabajo por aquellos días estaba a unos pasos de la boca del metro: en la calle de los teatros, entre Prince y Spring. Por lo general, salía como un sonámbulo del tren, inmerso en las páginas de algún libro —cualquier libro—, con pleno conocimiento de la distancia entre cada peldaño de la escalera del Subway, dueño de cada olor que emanaba del superpoblado Downtown neoyorquino, experto en evitar a todo tipo de transeúntes sin despegar la vista de las páginas que me ocupaban.
Esa mañana, a la salida del metro, tropecé con un escalón a desnivel —esta imagen la insertaría en mi novela—; levanté la vista y di con una multitud corriendo rumbo norte por Broadway. Eran poco más de las nueve de la mañana. No supe qué pensar ante el panorama. Así que regresé al libro. Pero la lectura duró un segundo, quizá menos: esta vez fue el olfato y no el tumulto lo que me devolvió a la realidad: nos rodeaba un olor intenso, como a ¿pelo quemado? Luego vi una columna de humo que subía desde algún punto que no pude determinar, a unas veinte cuadras de la esquina a la que me habían llevado el metro y mis desorientados pasos.
Lo primero que me vino a la mente —en ese instante me pareció lógico y ridículo a la vez— fue que estaban filmando alguna película de ciencia ficción. Parecía una escena sacada de Godzila: un pánico generalizado que se mezclaba con mi desconcierto: ¿de qué huía la gente en desbandada? ¿Y por qué había otros que iban en dirección contraria, rumbo al humo y la debacle, aferrados a sus teléfonos, marcando números que ya habían recibido su última llamada? Dale con Hollywood y su empeño en hacer que las cosas parecieran reales. Por lo menos podían haber avisado, que uno sale del tren y no tiene ni idea… Pero no vi cámaras por ninguna parte. «¿Qué pasa?», pregunté al azar. «Nos atacan», me gritó uno sin detenerse.
Eché a correr al norte del infierno. (Coincidencia irónica: unos meses más tarde, traduciría una excelente novela que lleva ese título). No me detuve hasta el entronque de la calle 14 y la sexta avenida. Hasta ese momento no sabía de qué me alejaba; corría por inercia, como si fuera un extra de esa película que aún no lograba comprender; tampoco, hasta entonces, habría imaginado que podía correr tanto. En la esquina de la 14 y la sexta, la gente se estaba congregando para ver el fin de una era. Ya se había desplomado la primera torre. Alguien mencionó que la segunda caería en breve. Aparté la vista. (Hay imágenes que prefiero evitar). Escuché un suspiro general. Un grito aquí, una maldición allá y una conmoción en la atmósfera me confirmaron lo que ya temía: la segunda torre se estaba desmoronando.
Caminé al oeste por la calle 14 hasta llegar a Lectorum, la librería que me había recibido en mil y una ocasiones felices desde mi llegada a Manhattan; me recibieron con caras largas; pedí el teléfono; llamé a casa y hablé con la amiga que había vivido intensamente mi fuga de Cuba, dos años de noviazgo conmigo y que en unos meses se convertiría en mi esposa. Le dije que, salvo causa mayor, no se moviera de ahí. Que iba a su encuentro. Deambulé hasta la calle 50 y la undécima avenida: por esa zona la gente había formado un cordón en la acera y saludaba —¿despedía?— con carteles de apoyo, lágrimas, comida, botellas de agua y cuanto artículo pudiera ser útil a los bomberos, policías y voluntarios que se aventuraban a la Zona Cero.
Seguí andando. Llegué a casa poco antes del mediodía. Aún a esa altura de Manhattan no era difícil oler la muerte. Los helicópteros sobrevolaban la isla, las sirenas aullaban ininterrumpidamente, los teléfonos (que aún servían) no paraban de sonar. Mi novia me recibió con una tristeza desconocida. No puedo precisar cuándo empecé a llorar ni dónde culminó el llanto. El resto del día fue un letargo intranquilo. Empezamos a hacer planes emergentes: a quién llamaríamos en caso de urgencia si no nos podíamos comunicar entre nosotros; dónde nos reencontraríamos si la vida nos lanzaba otra vez ante un escenario (casi) post-apocalíptico… La incomunicación había sido siniestra. La angustia de aquellas horas en que no supimos el uno de la otra fue una de las sensaciones más intensas que había experimentado hasta la fecha. (¿Debo recordar que provengo de Cuba, la tierra de las sensaciones más intensas?).
Esa tarde murieron mi inocencia —gigantesca, no olvidemos que crecí en La Habana— y mi incredulidad y disgusto ante la telefonía celular, y me nació un escepticismo que a ratos me sirve de brújula. El 12 de septiembre de 2001 compré mi primer teléfono móvil. El aparato es lo que en mis años en Cuba era el carné de identidad: una suerte de salvoconducto. Lo llevo a todas partes.
Reza el lugar común que a los amigos se les reconoce en los malos tiempos. La fatalidad tiene ese don de sacar a flote —en alguna gente— los buenos instintos. Hasta el 11 de Septiembre de 2001, la Gran Manzana —con sus aires de capital del mundo, su ritmo acelerado, sus clubes de jazz, su diversidad variopinta, sus barrios segregados, sus tragos cosmopolitas, su rivalidad entre los lados este y oeste, su West Side Story y su Metropolitan, sus viñetas de Woody Allen, su ruido infernal, sus taxistas descabellados, su coexistencia pacífica entre Chelsea y Hell’s Kitchen, su Central Park con la estatua ecuestre de José Martí, sus cubanos de todos los credos y todas las latitudes— no me era indiferente, pero tampoco me era particularmente entrañable: era una ciudad más, desde donde vivía mi destierro con el mayor decoro posible.
Esa tarde —quizá sin proponérmelo—, dejé de ser habanero de un golpe.
Desde entonces, no importa donde viva, sé que soy natural de Nueva York.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cubanos en Nueva York


Link: http://www.youtube.com/watch?v=xH8mua3arFg

martes, 23 de agosto de 2011

Guia audiovisual para Descubrir o Redescubrir a Cuba

Rutas de omnibus en La Habana

 Video guide for discover Cuba.

Link de Descarga/Download:
http://dl.dropbox.com/u/37401743/Descubrir%20Cuba.pdf

Amigos, cuando uno es cubano y vive fuera del pais, se pasa una buena parte del tiempo explicandole a los locales como es realmente el pais, ya que la gran mayoria tiene una imagen bastante distorsionada de la realidad vecina, por lo que he tenido que enfrentarme a innumerables preguntas sobre Cuba, les presento el que hasta ahora es el Top Ten:

1-?Se puede tener reloj en Cuba?

2-?Hay mas musicos, ademas de Compay Segundo, Silvio Rodriguez  y Pablo Milanes?

3-? Como la gente se puede informar si no tienen Twitter? (Sic)

4-?Por que les gusta tanto el cine, es porque no tienen Internet?

5- ?Hay edificios o los que habia se cayeron?

6-?Todos los automoviles son de los 50 o hay tambien de los 70?

7-?Se puede caminar por la calle asi como asi?

8-?Pero asi como asi , seguro, vaya, caminar por la calle, normal?

9- ?La gente estudia por que no hay mas nada que hacer y se aburren?

10- ?A Fidel lo tienen en un lugar o anda  por ahi?

Darle un explicacion a cada uno de los indagadores me ha llevado a armar esta recopilacion de videos que aunque estan en You Tube , no son de los primeros que aparecen cuando se busca la palabra Cuba, cubanos, etc. ( Pueden descargar el documento en el link de arriba) Aunque algunos no son tiene una gran calidad de imagen , el criterio de eleccion se baso mas bien en que tuvieran un caracter ilustrativo sobre el pais,  reconociendo que seria imposible reflejar todas y cada una de las actividades de los 11 millones de habitantes y que ciertamente no todo lo que se ve esta al alcance de todos los bolsillos, pero se supone que eso sea parte de un pais normal, o con intencion de serlo. Sirva igualmente para que los cubanos que llevan mucho tiempo fuera de Cuba, redescubran su pais. Disfrutenlo.

domingo, 21 de agosto de 2011

Entrevista a Michel Matos, productor de Rotilla, sobre la edicion del 2011 y la situacion del festival.

El próximo año habrá Rotilla Festival

agosto 17, 2011 | Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Yusimí Rodríguez
Michel Matos. Foto: Yusimí Rodríguez
HAVANA TIMES, 17 agosto — La alternatividad cubana ha recibido un nuevo golpe en las últimas semanas con la usurpación, robo o plagio del Rotilla Festival.  El suceso no constituye un caso aislado, si tenemos en cuenta la historia de los proyectos alternativos en el país.
Lo inusual en esta ocasión, es la declaración de la Casa Productora Matraka, organizadora legítima del evento, en la que se denuncia el hecho y se demanda al Ministerio de Cultura de Cuba, aunque aún no se han presentado los recursos.  El Ministerio  rebautizó el Festival con el nombre de Verano en Jibacoa, y tuvo lugar durante los mismos días y en la misma playa donde se ha celebrado el Rotilla Festival durante los últimos cinco años.
¿Qué ha motivado esta actitud de las autoridades hacia el Rotilla Festival? ¿Qué recurso les queda a sus organizadores luego del cambio de nombre del evento?
Para responder esta y otras preguntas, me he reunido con el director del Rotilla Festival, Michel Matos, un joven de 31 años, aficionado a la música electrónica, miembro de la Asociación Hermanos Saínz y casi graduado de Filosofía,  en la Universidad de la Habana.
Un poco de historia sobre el Rotilla Festival
Michel Matos: “Yo tenía amigos como Joyván, que ponían música en discotecas.  En 1996 o 1997 conocimos a unos DJ alemanes famosos que los enseñaron a mezclar la música y pinchar, y dejaron mucha música electrónica, que no se escuchaba en Cuba aún.  En las discotecas no gustaba y cuando hacíamos fiestas en casa, la policía  mandaba  a bajar la música.  Decidimos hacer una fiesta en la playa para no molestar a nadie y  quedó tan rica que en agosto de ese mismo año, 1998, hicimos otra.   Íbamos en una guagua alquilada con nuestro dinero.  Por esto estuve detenido en dos ocasiones.
Así fue, con altas y bajas, hasta el 2004, cuando un canal alemán de televisión nos costeó una gira por toda Cuba para hacer conciertos de música electrónica.  A cambio, filmaban todo y conservaban los derechos.   Hay una película, Dance floor, caballero, dirigida por DirkBoll.  Está en Internet.  La gira fue apoyada legalmente por la AHS.  Terminábamos con el Festival, en la playa Rotilla, donde empezó todo.
Cuando estábamos llegando, había dos camiones de las Fuerzas Especiales bloqueando la playa.  Estaba la Seguridad del Estado, el gobierno de la provincia… Nos dieron tres horas para irnos con todos nuestros equipos, o las tropas especiales nos sacarían a bastonazos.  Al final, no sucedió nada porque teníamos las cartas y los permisos para que los alemanes filmaran.  Terminamos haciendo algo en un lugar de San Antonio del los Baños, llamado Ojo de Agua.   Fue algo mediocre, más bien representativo.
Rotilla 2010. Foto: Miriam Real Arcia
En el 2005 no hicimos nada, debíamos reestructurarnos.  En el 2006, después que esa película se presentara con éxito en los circuitos europeos, empezamos a recibir correos electrónicos, llamadas; querían entrevistarnos periodistas extranjeros.  Nos contactaron unas personas de Serbia que tienen uno de los festivales más grandes del mundo, el Exit Festival, donde se presentan artistas de primera línea como Madonna, Red Hot Chili Pepper, Prodigy…  En el 2008, ganaron el premio al mejor festival de música de toda Europa.
Nos dijeron que les presentáramos un proyecto para ayudarnos.  Nos invitaron a ver su festival.  Fue una inyección de energía y conocimiento.  Viajé por una institución cubana, el Movimiento Nacional de Videos, que pertenece al Instituto Cubano de Cine Radio y Televisión (ICRT).
“En el 2006 empezamos a hacer el festival en la playa Jibacoa, aunque mantuvimos el nombre Rotilla.  El Ministerio de Turismo es quien atiende esta playa Jibacoa, que está abandonada.  Presentamos un proyecto para animarla y hacer unos videos promocionales.  Celebramos nuestro festival allí, y les gustó.  Al año siguiente empezamos a trabajar a mayor escala.”
HT: Según lo que me has contado hasta el momento, el Festival no ha tenido ninguna proyección política y de hecho has trabajado con las instituciones cubanas.   ¿Por qué el gobierno ha asumido esta actitud hostil y ha suspendido o usurpado el Rotilla Festival?
Michel: “No me gusta decir el Gobierno o el sistema, porque conozco muchas personas en el gobierno y en el sistema que no necesariamente coinciden con este tipo de actitud, así es que no quiero generalizar.  Llevamos años trabajando con el sistema, aunque somos independientes, nos autofinanciamos.  El sistema sólo nos da permiso.”
Rotilla 2010. Foto: Miriam Real Arcia
HT: Pero de acuerdo a lo que se plantea en la declaración de MatraKa que ha circulado por Internet, el gobierno o las personas que lo representan, han dicho quiénes pueden o no cantar en el festival.  Cito tus palabras: “Una cosa es la censura, ya tradicional, otra muy diferente es el robo.”  O sea, hasta el momento has aceptado la censura a la que ha estado sometido el evento.
Michel: “Exacto… El año pasado, como es tradicional, se nos acercó el Viceministro de Cultura, Fernando Rojas, quien tiene varias reuniones con nosotros antes del Festival, una de ellas en la Asociación Hermano Saíz de la que irónicamente hoy se dice que no soy miembro,  después te hablo de eso…
Nos dijo: “miren, muchachos, para nosotros ayudarlos a ustedes, ustedes tienen que ayudarnos.  Omni Zona Franca no puede presentarse en el Festival, porque eso es un problema para la seguridad nacional y los intereses de la política cultural.”
No considero a Omni peligroso.  Si un artista logra desestabilizar un gobierno, ese gobierno es frágil e inestable.
Recientemente se clauró el Séptimo Período de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde Raúl planteó que no puede haber intolerancia hacia la crítica, que es necesario escuchar a todas las partes para que el país crezca.  Sin embargo, algunos de sus viceministros y de sus vicepresidentes tienen unos discursos radicales como si estuviéramos en los ochenta.
HT: ¿Cuál fue tu reacción ante la censura al grupo Omni? ¿Fue el único grupo censurado en el último festival?
Michel: “Siempre sucede con grupos, que nosotros defendemos muchísimo, pero más que los grupos, les molestaba el escenario de cine que montábamos, durante los dos días, para mostrar todo el material fílmico que la industria censuraba, o que había sido realizado por gente muy novel y se consideraba intrascendente.  Les preocupa mucho la proyección de audiovisuales…
Foto: Yusimí Rodríguez
Regresando a las bandas, Omni siempre ha sido un grupo aliado, durante años nos han ayudado a realizar Rotilla con sus computadoras, proyectores…, y se presentaban como artistas en el Festival…  Fue muy duro, pero llegamos a la conclusión de que el Festival apoyaba a casi cien artistas más y que un solo grupo no podía llevar todo el peso del Rotilla.
Fuimos a explicarles y entendieron…  Cuba toda pertenece al Estado, y para trabajar tenemos que dialogar con ellos… Le pregunté a Fernando Rojas: “¿Ministro, y Los Aldeanos? Están programados para tocar, pero usted está censurando solo a Omni.  No creo que el discurso Omni sea más agresivo que el de Los Aldeanos.  Me respondió: “No te preocupes, con Los Aldeanos ya hablamos.” Resulta que Los Aldeanos hicieron lo que viste ahí, y más.”
Michel me ha muestrado un video filmado en Rotilla Festival 2010, donde aparecen Los Aldeanos, lanzando un discurso muy contestatario contra el gobierno, lo que contradice la idea de que habían suavizado su discurso tras el concierto que ofrecieron a principios del año pasado en el cine Acapulco.
Michel: “Ese fue el punto culminante.  Los Aldeanos tenían un público de más de diez mil personas que los esperaban a ellos exclusivamente.  Las autoridades temen que el Rotilla sea el generador de una revolución, de una explosión social entre los jóvenes.  Creemos que esa es una de las causas de lo que está sucediendo.”
HT: Sí, eso es lo que ustedes suponen.  ¿Pero ellos qué motivo les han dado?
Michel: Absolutamente ninguno.  Todo sucedió como aparece en la declaración.  Llegamos un día a hacer el protocolo habitual: visitar las sedes de los gobiernos, reunirnos con el MININT, para garantizar que haya policías, comida, agua, la limpieza… Noel Soca, director de la Comisión Provincial de Recreación y Cultura en la provincia de Mayabeque, nos recibió en un parqueo y nos dijo: “Miren, ustedes no tienen más nada que ver con esto.  El Festival va a ser realizado por las instituciones, el Estado, el Ministerio de Cultura.  Esto viene de Esteban Lazo.
Le preguntamos si estaba hablando de nuestro festival, y respondió que sí.  No tenemos claro por qué ha pasado esto…  De nosotros se dice que recibimos dinero de Estados Unidos, algo totalmente falso.  Somos muy buenos buscando dinero y por eso hemos hecho un festival tan grande.  Pero no nos supeditamos a los intereses de nadie, ni nos dicen cómo tenemos que trabajar.  Recibimos dinero por vías formales, casi oficiales.  Digo casi porque las normas cubanas no reconocen ese tipo de legalidad.
HT: ¿De qué embajadas has recibido dinero?
Michel: “Noruega, Holanda y España.  También trabajamos con Exit Festival, de Serbia, que te había mencionado…  Como dijiste hace un rato nuestra posición nunca ha sido directamente crítica o polémica, pero nuestro espacio ha estado abierto al movimiento underground de vanguardia, lo  que no es programado para actuar en ninguna parte, nosotros lo acogemos y los ponemos a actuar, tengan el discurso que tengan.”
HT: Siempre y cuando no sean censurados por las autoridades; una vez  son censurados, los sacas de la programación.
Michel: Si el Estado no lo permite…   Hay una línea o una norma,  que dice: “Las playas son del pueblo.” Aparece en alguna parte.  Lo que es del pueblo es realmente del Estado, ya que el pueblo sólo es representativo; no es ejecutor real de derechos o propiedad.  El Estado lo representa.
Cada rincón que no sea una casa privada, es del Estado; si es del Estado es del gobierno.  El gobierno tiene control sobre cada cosa programada en un lugar público, y si su posición es que tal grupo no puede tocar…
Hemos jugado con eso y a veces hemos sido atrevidos.  Por ejemplo, Porno para Ricardo es un grupo híper crítico e híper censurado.  Hace mucho tiempo nos dijeron que olvidáramos la posibilidad de que ellos tocaran en el Festival.  Pero, Ciro, uno de los integrantes de Porno… realizó un proyecto paralelo que llamó La Babosa Azul.  Lo incluimos en el programa y las autoridades no se dieron cuenta de que era uno de los integrantes de Porno… Su discurso desde La Babosa… era mucho más ligero que Frank Delgado.  Pero ellos dijeron que los habíamos manipulado.  Ellos ven una conspiración en todas partes.
HT: ¿Qué artistas o grupos han sido censurados durante la existencia del Festival?
Michel: En todos estos años, muchos.  Hubo un tiempo que ellos se enfrascaron en que querían todas las letras que se iban a cantar, y hasta toda la música de los DJ.  Eso era inadmisible.  La música del DJ  no tiene discurso.  Es bailable, enajenante, quizás.  Ese es otro término que no les gusta, enajenante.  Total, todo el mundo está enajenado…
El DJ funciona según la temperatura que ve en el público, improvisa.  Además, ellos no iban a tener tiempo para escuchar todo… Una vez les dimos todo el programa de cine previsto para cuarenta y ocho horas, y no pudieron verlo aunque crearon un equipo multidisciplinario de gente de Seguridad del Estado, de Cultura… Otra vez, sugirieron colocarnos a dos asesores por cada escenario.
HT: No entiendo.  ¿Asesores de qué, con qué preparación; en qué rama eran especialistas? ¿Eran artistas?
Michel: Sabe Dios.  Dije que eso era totalmente irrealizable.  El festival pasado estuvo en juego por eso.   No es que seamos los tipos más profesionales, pero lo intentamos.  Hemos  implantado una estructura sólida que ha funcionado hasta ahora.  Yo dirijo, hay unos equipos de realizadores generales, productores, logística, seguridad, abastecimiento.
Pero cada escenario tiene una estructura propia: director, un productor, etc.  Estas personas trabajan durante meses para el Rotilla, no pueden admitir que dos semanas antes, aparezca alguien a cuestionar el por qué de cada cosa, o a decir qué se va a hacer.   Funcionamos desde nosotros mismos.  Nadie ha venido a darnos nada, excepto trabas.  Ellos no admitirían eso, como no permiten que de los Estados Unidos o de Ginebra, vengan a ver sus cárceles y sus asuntos.
HT: En la declaración, dicen que han recibido amenazas y presiones.  ¿En qué han consistido, concretamente?
Michel: Seamos honestos.  Ellos nunca me han amenazado ni golpeado, de hecho su discurso ha sido delicado todo el tiempo.  Pero hasta con las palabras más delicadas se puede hacer una presión muy fuerte.  No quiero profundizar en esto, porque nuestra posición es la de dialogar.
HT: Al leer tu declaración sentí que la demanda, además de ser valiente y necesaria, tenía muchas posibilidades, porque era obvio el robo del Festival por parte de las autoridades.  Sin embargo, ahora ellos han dado un paso inteligente al cambiarle el nombre.  ¿Qué posibilidades tienes ahora?
Michel: A finales de esta semana tendré una reunión con el equipo de abogados que me  representa.  Son un grupo independiente, la Asociación Jurídica de Cuba.  La dirige Wilfredo Vallín.   Ha tenido problemas por haber defendido a opositores, pero no tiene un discurso político.  Su posición es la de defender a todos los ciudadanos por igual.
El encargado de nuestro caso fue juez de un tribunal provincial en Santiago de Cuba por veinte años.  Son personas que trabajaron dentro del sistema y un día se percataron de que las leyes responden solo a un sector del país, el Estado, y que la mayoría del pueblo no conoce las leyes ni cree en la legalidad vigente.   Decidieron separarse de eso y defender a los ciudadanos con las leyes de la Revolución.  En este caso, se trata de leyes de derecho de autor y propiedad intelectual.
Legalmente, no sé qué posibilidades tengo.  Ellos están robando, aunque después de la declaración, recalcularon todo y dijeron “OK, vamos a cambiarle el nombre.”  Pero desde el primer momento, aún contando con estos abogados, no hemos tenido mucha fe en que la línea legal vaya a ser definitoria.
El Estado sabe defenderse, tiene todas las armas y los recursos para hacerlo.   Será una línea paralela de presión y vamos a exigir nuestro derecho usando las leyes cubanas.  Pero la vía principal que vamos a trabajar durante todo un año, hasta la fecha en que se realizaría el próximo festival, es la opinión pública.
HT: ¿Si de aquí a un año, mediante esta estrategia de combinar la línea legal con la opinión pública, logras recuperar el Rotilla Festival, continuarías dispuesto a aceptar la censura a que las autoridades han sometido el evento hasta ahora?
Michel: “Mira, primero seamos claros sobre nuestra realidad.  En Cuba, desde los años sesenta existe una política cultural, iniciada por el Comandante Fidel, que le dijo a los intelectuales: “Con la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.” Esto lo asume toda Cuba.   Siempre hemos operado bajo la base de la censura.  Nos autocensuramos y censuramos a otros cuando nos presionan.  No tenemos otra alternativa.
Michel Matos. Foto: Yusimí Rodríguez
Siempre hacemos como el año pasado; sabíamos algunos grupos serían censurados, pero los incluíamos en la programación, y dejábamos que fuesen ellos quienes los censuraran.   Estoy dispuesto a mantener esa línea de trabajo, lo que nunca voy a admitir que ellos digan qué grupos van a tocar.  Si me dicen que determinado grupo no puede estar, bueno…  no tocan, o tocan porque logramos negociarlo.  Pero que ellos me digan va Haila, va Buena Fe…, eso es intolerable.  Nosotros seleccionamos al artista; da igual si es de alto o bajo perfil.  Repito, una cosa es que nos censuren, toda Cuba está envuelta en eso, y otra que nos digan qué va a pasar en el Festival”.
Vamos a seguir trabajando muchísimo, a unos límites que se van a ver obligados a negociar con nosotros.  En doce años hemos construido una red que ellos van a sufrir ahora.  Hay muchos intelectuales identificados con nosotros.  Ellos están ahora mismo en posiciones dramáticas.
HT: Hace un rato me dijiste que eres miembro de la AHS.  ¿En qué manifestación artística apareces registrado, y cuál es el problema que existe ahora con tu membresía?
Michel: “Me hice miembro de la Asociación diez años atrás.  Hace unos días tuve una reunión con el director de cultura de provincia Habana y me dijo que había conversado dos días antes con Luís Morlote, presidente de la AHS, y este le había dicho que no soy miembro.
Cuando se hizo aquella gira por toda Cuba, el presidente de la AHS era Alpidio Alonso, él nos hizo todos los papeles formales.  Hace dos años, en una asamblea de la AHS, junto a un montón de regalos, recibí esto… (Michel me muestra un diploma de reconocimiento por su trabajo en la promoción del arte joven firmado por el actual presidente, Luis Morlote)…  Dos años después, en medio de una crisis, dice que no soy miembro.
Hace cuatro años, en la Madriguera, sede provincial de la AHS, se echó a perder un disco duro con la base de datos de más de trescientos asociados, entre ellos, yo.  A la vez, por descuido, había perdido mi carnet.  Pero tengo un montón de cartas firmadas por ellos, los catálogos de la AHS apoyando el Festival.   Entré como promotor cultural.
HT: Pero en realidad eres un productor.
Michel: “Sí, pero eso es algo que Cuba no reconoce, porque un productor es alguien que gestiona dinero, que busca financiamiento para obras de otros.  No solo consigo financiamiento del extranjero, sino, además, de empresas cubanas como Habana Club, aunque no sea en efectivo.  A cambio promocionamos sus productos en el Festival.  Esos son mecanismos de mercado que a las autoridades tampoco les complacen…
Una de las cosas que más les molesta del crecimiento del Festival es el aumento de los fondos.  Dicen somos peones manipulados por enemigos indirectos.  Lo primero es que niego esta locura, y quiero insistir en lo que considero el centro de mi filosofía.
Vamos a suponer que todas las personas con las que trabajo, todas las embajadas, sean de la CIA.  Nunca me han dado dinero para luego decirme haz esto o aquello.  Soy yo quien presenta el proyecto y las embajadas deciden o no financiarme; entonces firmamos el contrato.  Simpre lo  muestro a las autoridades.  En ese sentido estoy muy tranquilo conmigo mismo, a pesar de que ellos hace rato están haciendo campañas de opinión .
El año pasado, como siempre, cuestionaron el trabajo con el festival de Serbia, el dinero de las embajadas.  Les presenté un proyecto para cobrar la entrada al Festival, de forma controlada por el Estado.
Esto permitiría financiar toda la logística, pagar a los artistas que nunca han cobrado por actuar; además podríamos obtener dinero por nuestro trabajo en vez de depender de la cajita de ron que sobre para venderla.  El Estado podría cobrar un buen impuesto y a la vez limitaríamos la entrada de personal indeseable.  Estaríamos dispuestos a renunciar al financiamiento extranjero; contaríamos solo con las empresas cubanas.
¿Crees que se alegraron de que dejara de trabajar con personal que ellos consideran peligroso? Se preocuparon más ante la posibilidad de que pudiera manejar 80 000 CUC, que fue la cifra que calculé.
El rostro de ese hombre, miembro de Seguridad del Estado, me hizo descubrir que lo que realmente les preocupa es un grupo organizado, autofinanciado y ejecutando acciones de impacto.  Otros funcionarios a los que he presentado la idea, argumentan que no se puede privatizar la playa.  Pero en realidad sería un pequeño espacio  durante setenta horas.
Lo que no quieren es que la gente tenga poder económico y social.   Eso está en contradicción con todos nosotros, porque la gente aquí quiere desarrollarse.  Si su Ministerio, que centraliza todo, no tiene fondos para apoyar la cultura, que me dejen arreglármelas.  La obra tiene un impacto y un público tremendos.   ¿Cuál es el problema? ¿El maldito planeta es la CIA?
HT: Hace unos días, comenté con una conocida sobre mi entrevista contigo y pregunta por qué no convocas a la gente por YouTube y haces tu festival sin permiso de nadie.
Michel: “Este año el Rotilla Festival está suspendido, no se va a hacer.  Pero el año que viene lo haremos y además, con el permiso de las autoridades.”
HT: Quiero compartir su confianza y optimismo.  Me despido deseándole suerte, pero hasta hoy, lunes 8 de agosto, la Casa Productora Matraka no ha recibido explicación por lo sucedido, ni el Ministerio de Cultura ha mostrado intención de dialogar. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Russia Today entrevista a Mariela Castro


http://actualidad.rt.com/programas/a_solas/949

viernes, 6 de mayo de 2011

EMIGRADOS

 Eduardo del Llano

 eduardodelllano.com

Hay un tipo de emigrado que cree que el país se detuvo donde él lo dejó. Nunca imagina edificios nuevos en la ciudad que abandona, y acoge con desconfianza noticias de que algo mejoró, de que algo no es como antes. Todo lo que venga o se produzca en Cuba, si sigue aquí, les parece imperfecto o con trasfondo. Toma por verdades absolutas las que descubre en su nuevo hogar, y piensa que sólo ahora conoce realmente cuán jodido estaba el país en que vivía.
Hay emigrados que se vuelven intratables si se encuentran con alguien que, como yo, viaja y vuelve, que ha vivido un tiempo afuera y regresa. Sospechan que eres algo más que lo que dices ser. Los hay que te quieren enseñar lo equivocado que has vivido hasta ahora. Que dan por sentado que lo que dices es mentira, que dices sólo lo que te dejan decir. Algunos no se limitan a disentir: ofenden. No soportan el éxito de quien no siguió su camino, como si por el mero hecho de no emigrar uno pusiera en tela de juicio la pertinencia de la decisión que tomaron. A algunos el bandazo los lleva a hacerse tan ferozmente de derecha que creen que, de ganar el Partido Socialista en un país europeo, a los pocos meses aparecerán allí los CDR.
Una porción de emigrados goza con mostrarse nihilista, con descreer de cuanto le enseñaron en las escuelas de su tierra. Por rechazar un sistema político rechazan también una ética que dan por contaminada. Ríen si algo que dices les suena ideologizado, y te miran como a una suerte de buen salvaje. Los más extremistas juran no regresar nunca hasta que las cosas cambien; otros vienen de visita y se esfuerzan en mostrarse solventes, libres y enterados, y hacen que te sepa amarga la cerveza a que te invitan.
El emigrado del que hablo suele despreciar, no sólo al que se queda, sino al emigrado que no piensa como él. Al emigrado que está orgulloso de serlo pero viene con humildad a visitar la ciudad que fuera suya, que todavía le pertenece. Que no habla con uno con la arrogancia del conquistador o del que inventó la democracia. Que sigue oyendo sus viejas grabaciones de Silvio o disfrutando el cine cubano. Que no tiene a los que nos quedamos por un rebaño indiferenciado y cobarde.
Por otra parte, es verdad que hay millares de emigrados a los que su país ha tratado –y trata- como a basura. Rectifico: no su país, sino el gobierno de su país. Hay muchos emigrados con los que el gobierno haría bien en disculparse. Con ellos ha cometido demasiados errores sin remedio, sí, pero hay algunos que aún podría enmendar. Debería hacerlo. Que lo veamos es otra cosa. La nobleza y la grandeza de espíritu son virtudes al alcance de los individuos, no de los gobiernos.

Cuba- España : Voces de un trayecto

Documental de 42 minutos, 2007-2009, Cuba-España. Dirección: Alejandra Aguirre. Tema: identidad y emigración. Entrevistados: Gema Corredera, Pavel Urquiza, Vladimir Cruz, Mª Isabel Díaz, Vanito Caballero y Roberto San Martín.

Link:
http://www.youtube.com/watch?v=Zj2tE-zPrJs