martes, 19 de marzo de 2013

Luthiers en La Habana.

 Un taller para la restauracion de instrumentos musicales en Cuba.


Por Giovanni Fernandez

Tomado de CubaSi

 El arte de la luthería en Cuba ha comenzado a rescatarse. La reparación, fabricación y restauración de instrumentos musicales ha sido, para muchos intérpretes de la isla un problema, en tanto no había muchas personas calificadas para poder realizar esta labor, que precisa de paciencia, concentración y creatividad.
Es la razón principal para el surgimiento en 2010 del proyecto Gestión y difusión del patrimonio musical de Cuba y Latinoamérica: luthería, investigación y docencia, auspiciado por la Unión Europea, la Organización No Gubernamental belga Luthier sin fronteras y la Oficina del Historiador.

Sin dudas, es una necesidad tanto para estudiantes como para profesionales que existan lugares donde un violín, contrabajo o un cello puedan ser reparados.

El objetivo del proyecto era la creación de un taller y un curso -ya en marcha desde 2011 y que concluirá en septiembre de 2013- con jóvenes interesados en el oficio y que pudieran recibir experiencias y conocimientos de importantes Maestros franceses y belgas para la especialización y perfeccionamiento de métodos de trabajo.







La captación de solo cinco estudiantes, dos de ellos pertenecientes a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), es motivado por el pequeño espacio físico donde habitan y, de manera fundamental, por el camino incierto para su fomento y consolidación en el país.
Andrés Martínez, Jefe del Taller de Luthería, comentó al portal Cubasi que “uno de los objetivos es atender las necesidades de reparación de instrumentos en las escuelas nacionales de arte.

Además, hay en la actualidad varias orquestas de cámara precisadas de este trabajo”.

Martínez aseguró que el proyecto ha permitido adquirir materias primas y accesorios imprescindibles para ejercer la labor como maderas, barnices, puentes y cuerdas, entre otros.

“Hemos tenido músicos cubanos para avalar nuestro trabajo como el Maestro Alfredo Muñoz, quien interpretó varias piezas con un violín hecho por nosotros al celebrar sus 50 años de vida artística”.

Sobre la permanencia de los estudiantes una vez graduados en la instalación, el Jefe del Taller de Luthería aseveró que como el espacio es pequeño, y se han abierto las posibilidades para que los cuentapropistas pueden desarrollarse, los alumnos deberán crear sus propios lugares, aunque siempre tendrían el apoyo de la organización: “Es un oficio solitario, cada uno debe crear su espacio de trabajo y crear su taller. Hemos podido comprobar que en otros países se organiza de esa manera y da resultado”.



Para la alumna Susel González, el curso le ha permitido adquirir “un alto nivel en las prácticas como lutier a partir de la calidad de las clases de profesores cubanos y extranjeros”.

Ante la interrogante de por qué había escogido este oficio que se concibe generalmente para hombres afirmó: “Nunca he tenido problemas para asumir labores que de forma tradicional se consideran propias de hombres, me parece que la sociedad cambia y se transforma y con ella las formas de pensar”.

“De todas maneras el oficio me ha permitido enriquecerme espiritualmente, aprender cómo con paciencia y precisión se pueden reparar y fabricar violines”.

Según Dariel Moreira, se siente atraído desde la niñez por la música, aunque se graduó como Instructor de Arte en la especialidad de Artes Plásticas: “Mi mayor motivación ha sido la posibilidad de crear un instrumento y tenga mi propio sello, mi marca personal. Es un trabajo difícil de gran precisión y detalle”.

En la actualidad, el profesor francés Ghaleb Hassan, representante de la Organización No Gubernamental Luthier Sin Fronteras se encuentra en la Isla para apoyar y supervisar la enseñanza de los cinco alumnos matriculados en el taller.



¿Por qué venir a Cuba y apoyar este proyecto?

“Tengo siempre la necesidad de compartir el conocimiento y es imprescindible transmitirlo a otros países. El proyecto lo trabajamos en varios países como Cuba, Colombia, Palestina y Argelia”.

¿Qué le exige a los alumnos cubanos en cada encuentro?

“Mucha concentración y silencio a la hora de hacer un violín. Para ejercer verdaderamente el oficio se precisa de mucha paciencia y detalle. Es cierta la ausencia de materiales y herramientas, pero hay calidad e interés en cada uno de los estudiantes.

“Es un trabajo muy difícil que precisa de tiempo, preparación constante y estar enterado de lo que se hace en el mundo en la actualidad”.

“Para ser un buen luthier se necesitan mínimo 10 años de ejercicio, aunque el que diga que ya lo sabe todo en este arte, no se lo creo, pues cada instrumento es diferente en su reparación o fabricación y eso hace que nunca termine el aprendizaje”.

¿En qué circunstancias surge el oficio?

“Dicen que los violines provienen de un instrumento parecido a uno de la India, y al pasar a Europa, con el tiempo, se fue mejorando hasta convertirse de manera esencial en el de hoy.

“El arte de la luthería comenzó en el siglo XVII, y el lugar donde más se desarrolló fue en Italia, todos conocen el trabajo de Antonio Stradivari.





¿Cuál es la importancia de Stradivari?

“Para nosotros es el Maestro. Su mayor virtud, a mi criterio, era su capacidad para escoger el tipo de madera para hacer un violín.

“Era un artesano conocedor de cómo emplear una herramienta, hizo el trabajo más perfecto y nos llega hasta nuestros días.

Por supuesto, su conocimiento partió de su Maestro Niccolò Amati y modificó algunas formas de hacer los instrumentos.

Ahora hay especialistas que afirman que los violines hechos por su alumno Giusseppe Guarneri suenan mejor que un Stradivarius, pero de todas maneras siguen teniendo el aura del Maestro”.

Sobre el futuro del Taller de Luthería interrogamos a Andrés Martínez quien explicó que “A la altura del proyecto, tenemos que mantener y ampliar nuestra relación con las escuelas de música y con los intérpretes que nos hagan determinados pedidos específicos.




Algunos de los alumnos permanecerán con nosotros, pues como escuela de formación tratamos de incrementar el oficio en Cuba a mediano y largo plazo. Aliento a los muchachos a continuar, pues luego de dos años preparándose, y lo difícil que es lograr hacerse luthier, deberían seguir con su trabajo y abrirse sus propios espacios”.

Sin dudas, se ha abierto una puerta para el desarrollo del oficio en Cuba, en estos momentos se necesita el apoyo de otras organizaciones culturales en el país para continuar con el oficio y los jóvenes, una vez graduados, puedan contribuir a reparar y mejorar el sonido de nuestros violines, contrabajos y cellos en nuestras salas de concierto.



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